La zapata de la nueva realidad cubana

Desde el 1990 la economía cubana experimentó transformaciones profundas que han establecido la base sobre la cual comenzarán a operar los acuerdos que surjan de las nuevas relaciones con los Estados Unidos

Por Ana Teresa Toro
Para Microjuris

Es posible que la impresión, tras el anuncio del pasado 17 de diciembre, sea que todo este proceso de normalización de las relaciones entre Cuba y los Estados Unidos se ha dado a una velocidad inusitada. Sin embargo, la zapata de todo este proceso es mucho más densa y compleja de lo que podemos ver a simple vista.

Casi ni podemos seguirle el rastro a este origen que es, incluso, mucho más profundo que el periodo de los diálogos diplomáticos secretos. Puesto que para que florecieran estos diálogos, la economía cubana debió superar no sólo los periodos más duros de su historia en la década del noventa, sino su propio fortalecimiento y dirección en el nuevo orden mundial en el que tuvo que resurgir con muy pocos aliados.

De manera que para pensar en el futuro e incluso en este presente lleno de transiciones, es indispensable mirar hacia atrás e identificar los puntos cruciales de este proceso previo a los anunciados cambios que, si bien representan una apertura importante, no culminarán su desarrollo hasta que no se se modifique sustantivamente o se elimine por acción congresional, el embargo que al día de hoy permanece vigente. Algo que, sin duda, representa el principal obstáculo hacia un mayor flujo de inversión y exportaciones procedentes de los Estados Unidos. Para algunos es cuestión de tiempo, en gran medida por el aumento en una opinión pública favorable a su eliminación. Pero, mientras eso sucede, el nuevo escenario de mayor apertura, si bien no permite masividad en la inversión norteamericana, si abre el espacio a que se sienten las bases lentamente para ello de cara al futuro. Esto, sumado a las posibilidades crediticias que surjan, la disponibilidad de dólares para el pago de importaciones, así como al nuevo orden en el cual los bancos estadounidenses pueden tener presencia aparte en Cuba, mediante cuenta en bancos cubanos. Algo visto como un principio y que dista mucho del panorama anterior, aunque al presente un 95% de la economía cubana continúa bajo control estatal, como lo documenta un estudio comisionado a la firma Estudios Técnicos desde el cual se analizan las posibilidades de negocios en Cuba y se repasa el devenir de su economía renglón por renglón en los últimos 25 años.

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Estamos hablando de una fórmula que, hasta 1989, operó con relativo éxito incluso a pesar de problemas como la ausencia de incentivos de trabajo y un descenso en la productividad. Como la historia nos recuerda, la desaparición de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) y de su mercado tradicional de la Europa Oriental, redundó en la mayor crisis económica vivida en la isla hermana; un espacio de tiempo marcado por la migración masiva, conocido como el periodo especial que al día de hoy deja sinsabores entre quienes lo vivieron.

“La desaparición bajo las cuales Cuba se había insertado en el mercado común socialista dejó a la economía atada todavía al sector externo con una dependencia en productos primarios (azúcar principalmente) de baja comercialización a nivel internacional, y la eliminación de los esquemas de subsidios e incentivos. Una idea de esta importancia la da el hecho de que todavía para el 1990 el 77% del intercambio comercial de Cuba se hacía con la URSS y los países de la Europa del Este”, lee el análisis de Estudios Técnicos.

La contracción fue escalonada con periodos de reducción en el producto interno bruto (PIB) que alcanzaron cifras como el -6.1% entre 1990 y 1995.

La situación provocó la entrada de reformas internas a partir del 1994 entre las que destacan: la apertura a la inversión extranjera por medio de incentivos y proyectos de co-inversión en áreas como el turismo y la minería; la legalización y puesta en circulación del dólar, la autorización de ciertos tipos de auto-empleo y nuevos impuestos, entre otras. Con este esfuerzo interno, si bien se logró una recuperación, la economía mundial y el efecto pos 11 de septiembre, generó una desaceleración entre el 2001 y el 2002.

Entrado el nuevo siglo, además, el gobierno cubano decide paralizar las reformas económicas adoptadas y se inicia un proceso de volver a centralizar muchos de los aspectos económicos. Tanto así que en el 2004 queda retirado el dólar de circulación y se impone un impuesto del 10% sobre su conversión al peso cubano convertible.

En su análisis, Estudios Técnicos enfatiza en que no puede adjudicársele a estas decisiones enteramente el impacto negativo que experimentó la economía cubana. Pues, “por una parte, está el pobre desempeño del comercio exterior cubano, reflejando las insuficiencias de las reformas introducidas en el sector. Hay una reducción en las importaciones de mercancía, reflejo del pobre desempeño del sector exportador, y las dificultades financieras confrontadas en los últimos años que han reducido la capacidad de Cuba para importar, al no tener acceso a fuentes de crédito”.

En ese marco ha continuado el desarrollo que, al día de hoy, podríamos decir que tiene cinco retos centrales. El primero lo es el abrumador porcentaje del 95% antes mencionado de la economía que está en manos gubernamentales; el segundo lo es la realidad de que el consumidor cubano de la isla tiene un bajo nivel adquisitivo; en tercer lugar el control estatal al sector financiero, en cuarto lugar, el control del gobierno en el área de las comunicaciones y finalmente la escasez de divisas.

Sobre este escenario, cambiante y maleable, se construyen las nuevas relaciones económicas. Lo principal es entenderlo y ser conscientes de que incluso en esa realidad, existen fisuras importantes y áreas de oportunidad que se pueden construir como zapatas también, de cara a los cambios que se avecinan y que no son enteramente predecibles. De manera que, podría decirse que será en el manejo de esa realidad que los que se animen a invertir tendrán un rol protagónico en la definición de las nuevas relaciones. Suena a salto al vacío, pero más bien se trata de seguir construyéndole peldaños a la escalera.

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