Por Jan Marco de Jesús Ubiñas
Director Asociado | Revista Jurídica UIPR
¿Cuál es la verdadera amenaza que enfrentan los niños en sus escuelas? Según algunos estados, es la comunidad LGBTIQAP+ y las alegadas indecencias que estas presentan a los estudiantes jóvenes de esos estados. Sin embargo, noticias trágicas de las últimas semanas nos dan otra respuesta a esta pregunta: la facilidad para adquirir armas de fuego.
Según la Unión Americana de Libertades Civiles (ACLU por sus siglas en inglés), actualmente hay 435 medidas legislativas estatales que buscan limitar los derechos de personas transgénero y de la comunidad LGBTIQAP+.
Entre las medidas propuestas, hay prohibiciones contra la admisión de menores a los espectáculos de cabaré, la prohibición para recibir atención médica para propósitos de tratar la disforia de género y la prohibición de la presentación de contenido considerado indecente o no apto para la juventud en las escuelas.
Esta última ha producido efectos negativos, como la censura de libros sobre familias no tradicionales, eliminación de currículos sobre temas de raza y problemas sociales y hasta el despido de una maestra en la Florida por enseñarle a sus estudiantes la obra de Miguel Ángel, «El David».
En el 2023 ha habido más tiroteos masivos que días. De estos, tres han sido en escuelas, lo cual ha resultado en diez muertes, seis siendo niños, y 13 personas heridas.
Desde la masacre de Columbine High School en el 1999, 175 personas han muerto en 15 tiroteos masivos en escuelas. Un denominador común entre la mayoría de estas tragedias es que quienes las han perpetrado han adquirido armas de fuego legalmente. Lo que nos lleva a la conclusión de que es un proceso demasiado fácil: especialmente para las personas con problemas de salud mental.
La Segunda Enmienda de la Constitución de los Estados Unidos protege el derecho de todo ciudadano a tener armas de fuego. A pesar de esto, cada estado regula la compraventa de armas independientemente.
Hay estados que imponen mayores restricciones, como requisitos de obtener una licencia para portar y comprar armas, límites sobre el calibre o cantidad de munición que se puede comprar y límites a los lugares que las venden. En algunos estados existe lo contrario, no hay legislación para la compra de armas de fuego salvo los requisitos federales. Aun así, existen lagunas en la ley federal que permiten la compraventa de armas de fuego sin un «background-check» y es fácil transportar armas a través de las fronteras estatales.
Personalmente, creo en el derecho consagrado en la Segunda Enmienda, pero también creo que debe existir más restricciones al acceso a las armas de fuego. En las manos de algunas personas, estas han sido utilizadas como herramientas de destrucción masiva.
Hay una correlación interesante donde los estados que más quieren restringir los derechos de personas LGBTIQAP+ son los estados con menos restricciones sobre las armas. Los estados, y legisladores, que verdaderamente quieren proteger a los estudiantes tienen que enfocarse en la verdadera amenaza que estos enfrentan: las armas y no la comunidad LGBTIQAP+.
¿Cuál le hace más daño al estudiante?
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