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COLUMNA – «All rise…»

Columna sobre las condiciones de trabajo de los alguaciles y alguacilas de Puerto Rico por el Lcdo. Donald R. Milán Guindín.

Por el Lcdo. Donald R. Milán Guindín

Con la célebre frase de título inician todas las escenas de películas y series de abogados. Regularmente vemos un hombre uniformado pronunciando esa frase en voz firme y acto seguido entra el juez a sala con su majestuosa toga. ¿Y quién pronuncia ese llamado al orden? El señor y la señora alguacil (“bailiff” en inglés). Una figura importantísima en nuestro sistema de justicia; sin los cuales el “sistema” no podría operar. El / la alguacil(a) son los operadores de los centros judiciales. Aun siendo imprescindibles, sus condiciones de trabajo y paga son trágicas. Por ello, el 29 de julio actual -al igual que en otras ocasiones- hubo un gran ausentismo de estos; como mecanismo de protesta.

Desde la reapertura de los centros judiciales luego surgimiento de la pandemia las funciones de los alguaciles han incrementado. Muchos permanecen ubicados a las afueras de los centros judiciales en unas carpas o “al sol” controlando la entrada del público. Desde allí guían a los ciudadanos en cuanto a los formularios que deben llenar para hacer distintas peticiones (revisión de boleto de tránsito, Ley 140, Ley 408, o alguna otra orden de protección). Custodian a los confinados y a las personas que son llevadas arrestadas al tribunal. Diligencian órdenes de arresto, órdenes de protección y citan a las partes y testigos. Realizan lanzamientos en los casos de desahucio. Están a cargo de las ventas en pública subasta. Están facultados para comparecer a firmar escrituras cuando se le ordena. En algunas salas de lo criminal, más allá de pronunciar el “All rise…”, hacen la función de secretaria/o (ej. contestan el teléfono, entregan comparecencias y localizan abogados, fiscales y testigos). Por último, no menos importante, proveen seguridad en las salas para todos, pero principalmente -diría yo- para el juez. Estoy seguro de que se me ha quedado alguna otra tarea. Todo esto por un salario mensual cercano a los $1,800.00; a lo cual se le realizan los descuentos correspondientes. Habría que añadirle un factor adicional, la mayoría deben ir vestidos con zapatos, pantalón, camisa de manga larga, corbata (chalina como decía mi bisabuela) y chaqueta. Por último, sus funciones no siempre terminan a las 5:00 p.m. Habría que concluir que estas personas están muy mal pagas y trabajan bajo unas terribles condiciones.

Vale señalar, que las funciones de los alguaciles son sumamente peligrosas – arriesgan su vida todos los días. Tenga por seguro, amigo lector, que las personas recuerdan muy bien quien los arrestó en o fuera del tribunal.
La interrogante ahora es; ¿qué se puede hacer? Apoyarlos.

La clase togada debe extenderle la mano a los alguaciles; sí se les impone una reprimenda en su trabajo por exigir mejores beneficios defenderlos, sí incoan una demanda representarlos, sí necesitan una consulta brindársela, y sí necesitan con quien hablar escucharlos. Y sí hicieran alguna manifestación estar allí con ellos. Al final del día son nuestros compañeros de trabajo y nuestros amigos.

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