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Recordando al juez Irizarry Yunqué: «Le dediqué todo mi tiempo con amor a mi profesión»

Carlos J. Irizarry Yunqué
Foto: Rama Judicial de Puerto Rico

El pasado sábado, 23 de mayo falleció en su hogar el ex juez del Tribunal Supremo de Puerto Rico, Carlos J. Irizarry Yunqué. Irizarry Yunqué nació en Sabana Grande en 1922, lugar donde vivió hasta que comenzó sus estudios universitarios en 1949.

Luego de fungir como fiscal, mientras se desempeñaba en su práctica privada, fue nombrado al Tribunal Supremo por el ex gobernador Rafael Hernández Colón. Allí sirvió como asociado durante 13 años, hasta el 1986, cuando comenzó su cátedra en la Facultad de Derecho de la Universidad Interamericana de Puerto Rico.

Irizarry Yunqué fue criado y adoptado por sus tíos paternos luego de que su madre y padre murieran a causa de una tuberculosis pulmonar. De su padres solo conservó una carta que le escribieran cuando apenas tenía un año de edad. En un artículo que escribió en el 2008, y que fue posteriormente publicado en la Revista Jurídica de la Universidad Interamericana, el ex juez describió su niñez como «dura». Inicialmente no fue bien acogido por su familia y se crió solo, pues sus tíos no tenían hijos.  Aunque el jurista cuenta que cuando niño le interesaba la ingeniería, decidió estudiar Derecho por una promesa que le hiciera a su padre de crianza poco antes de su muerte.

«Vivencias y opiniones de un abogado», por Carlos J. Irizarry Yunqué 42 RJUIPR 425 (2008) (*.PDF)

Estudió pre legal en la Universidad de Puerto Rico en Río Piedras, respaldado por una beca que le otorgó la Logia Masónica Hijos de Igualdad Número 23, con la ayuda de su madre —quien trabajaba de costurera— y con el dinero que ganaba como asistente del profesor Julio García Díaz. Posteriormente, en el año 1943, en plena Segunda Guerra Mundial, fue llamado al servicio militar activo, donde sirvió durante tres años. A su regreso obtuvo su Juris Doctor en la Escuela de Derecho de la Universidad de Puerto Rico.

En sus primeros años en la práctica, Irizarry Yunqué fungió como asesor legal del Departamento de Agricultura y Comercio de Puerto Rico y de la Policía de Puerto Rico, donde ostentó el rango de capitán. Poco tiempo después de completar un segundo servicio militar en 1950, comenzó a laborar como fiscal auxiliar en Ponce, cargo que desempeñó durante tres años.

En su práctica privada se dedicó esencialmente al derecho civil, manteniendo un bufete propio durante diez años en la ciudad de Ponce. A su vez,  impartía clases en la Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico. Fue en ese tiempo en que fue nominado a ocupar la silla de juez asociado en el Tribunal Supremo, a la que fue nombrado sin oposición alguna en la legislatura.

De los casos sobre los que guardó memorias positivas durante su tiempo como abogado litigante se encuentra el de Pueblo v. Hoyos. En ese caso fue abogado de defensa de una pareja acusada de asesinato. El caso fue uno de gran interés público, pues se acusó a un médico y a su esposa por la muerte de una estudiante de enfermería. Durante el caso, el principal testigo de fiscalía le expresó a Irizarry Yunqué que la Policía “le había hecho firmar una declaración” que incriminaba a sus representados. A base de esa confesión Irizarry Yunqué solicitó un habeas corpus por medio del cual se liberó a los entonces imputados. Finalmente, se le celebró juicio a la pareja, resultado en su absolución del delito acusado. Para Irizarry, el caso tuvo particular importancia, pues mientras se celebraba el juicio cientos de personas se aglutinaron frente al tribunal abucheándole e insultándole, clamando por la condena de los acusados que este siempre creyó inocentes. Asimismo, otro caso que atendió exitosamente y rememoraba con orgullo, fue la demanda que hiciera a la corporación 7 Up en un caso de daños y perjuicios por la rotura de una botella de refresco que causó daños a un menor de edad. Para el caso, el letrado se educó y preparó  pericialmente sobre el tema, a lo que atribuyó el éxito que tuvo en el caso.

Su primera opinión como juez asociado fue una disidencia en el caso Pueblo v. Rodríguez Martínez, 101 DPR 503 (1973), donde expresó su preocupación de que se limitara el derecho del acusado de hacer valer en su caso el contrainterrogatorio de un testigo de cargo. Irizarry Yunqué criticó la decisión de la mayoría opinando que se apartaba del mandato constitucional, pues el contrainterrogatorio es un derecho fundamental, sobre todo en un caso criminal.

Entre los casos que mayor impacto tuvieron en él durante su gestión figuran Ortiz Andújar v. ELA, 122 DPR 817 (1988), en que se establece la doctrina de enriquecimiento injusto como base para reclamar por daños y perjuicios.

«Es a mi juicio un caso de legislación judicial, que favorezco, conforme a mi criterio de que es función del Tribunal Supremo el que se haga justicia», expresó en el artículo.

Por otra parte, fue critico de la decisión de la mayoría en Soto Cabral v. Estado Libre Asociado 133 DPR 676 (1993), donde se le negaron gastos de manutención a una pareja que reclamaba a un médico por haber realizado una esterilización de forma inefectiva.

Sobre su visión acerca de la justicia, una vez expresó: «La justicia no siempre es real ni absoluta. Como seres humanos, somos diferentes los unos de los otros. Cada ser humano es su propio mundo, y lo que es justo para él puede no serlo para otro. Desde el punto de vista de las decisiones judiciales, tampoco puede decirse con absoluta certeza, en muchos casos, si se ha hecho justicia. Se trata de seres humanos y, al fin, un tribunal puede ser justo conforme a Derecho, y su justicia no ser lo que agrada a las partes».

En 1996 publicó el libro Responsabilidad civil extracontractual, obra que creyó fue una de sus mayores aportaciones al derecho puertorriqueño.

A pesar de haber dedicado 22 años a la cátedra luego de su retiro, Irizarry Yunqué añoraba sus tiempos en la práctica privada, donde vivió «momentos de gran emoción». Eso sí, siempre estuvo satisfecho de su desempeño en todas las facetas de su vida profesional pero, sobre todo, de haber cumplido con la promesa que le hiciera a su padre moribundo.

“Le dediqué todo mi tiempo con amor a mi profesión. Me preparaba bien para cada caso. Observaba cómo los abogados de mayor experiencia se desempeñaban en los tribunales, escuchaba las advertencias de los jueces, era leal a mis clientes, y siempre mantuve el propósito de que se impusieran la verdad y la honradez. Eso les decía a mis clientes. Así logré muchos triunfos y convertirme en un abogado de prestigio, respetado por mis competidores, y muy considerado por los tribunales. Esa actitud le recomiendo a mis estudiantes y a los profesionales del derecho”, expresó en el artículo antes señalado.

“Con gran pesar recibí la noticia del fallecimiento del ex juez asociado del Tribunal Supremo, Carlos Juan Irizarry Yunqué. Además de servir durante trece años desde el Tribunal Supremo, el ex juez Irizarry Yunqué fue un destacado profesor de Derecho y realizó grandes aportaciones al país, tanto desde el estrado como desde la academia. En mi nombre y en el nombre de mis compañeros jueces asociados y juezas asociadas, expreso a sus familiares y amigos nuestras más sinceras condolencias”, dijo la Jueza Presidenta del Tribunal Supremo, Liana Fiol Matta, expresando sus condolencias por la muerte de Irizarry Yunqué.

por Zoán T. Dávila Roldán

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