Jorge Velázquez Hernández: De la generosidad en el profesorado

Jorge Velázquez Hernández: De la generosidad en el profesorado

Lcdo. Jorge Velázquez Hernández

El licenciado Jorge Velázquez Hernández es un educador nato. Esa es la primera característica que salta la vista al conversar con él. Tiende a ilustrar para sustentar lo que relata y acude a los recursos que sean necesarios para ello, incluyendo citas de películas y de literatura. Velázquez Hernández es sencillo en su comunicar, irreverente y profundo. No en balde sus opiniones y puntos de vista son populares entre estudiantes y abogados, particularmente aquellos de reciente juramentación. A pesar de que —a diferencia de su padre— profesionalmente se ha mantenido “bajo el radar”, en el último año sus opiniones en las redes sociales sobre casos del Tribunal Supremo, y su conocido repaso de la reválida de Derecho le ha expuesto cada vez más a la luz pública.

Es por eso que Microjuris.com decidió hacerle una entrevista para conocerle a mayor profundidad, conversar sobre el legado de su padre, que ha continuado a través del repaso y los Mamotretos Don Miguel, su contribución a dicho legado, así como sus aportaciones al campo del Derecho.

De inicio, algo nos dejó diametralmente claro: nunca pensó estudiar Derecho.

“Hay una escena en The Godfather III en donde él (Michael Corleone) dice ‘Just when I thought I was out, they pull me back in’. Yo pensaba que había acabado con el “claque” ese de estudiar leyes. Pero simplemente pensé que era mucho más mercadeable el estudiar leyes que cualquier otra cosa”, explicó el letrado a preguntas de por qué decidió convertirse en abogado.

Según el también profesor las leyes no le interesaban y tampoco deseaba asumir una profesión en la que se le compararía con su padre, el renombrado jurista Don Miguel Velázquez Rivera. De hecho la preparación académica del menor de los ocho hijos de Don Miguel y su esposa Dominga Hernández, comenzó en la Universidad de Stanford y obtuvo una maestría en la Universidad Northwestern, ambos en el campo de Historia. Una vez terminada su preparación, este comenzó su carrera como profesor en la Caribbean Preparatory School en San Juan. No obstante, una evaluación pragmática de la situación económica del profesorado en Puerto Rico le provocó estudiar Derecho, y así fue como comenzó estudios en la Universidad de Cornell.

Sobre sus estudios en Derecho se sincera, “Derecho es un gusto adquirido”, por lo que explica que no sintió un apego particular por la profesión durante sus estudios.

“El Derecho no es amable en sí per se. Te entusiasmas con ciertas áreas del Derecho pero aprender Derecho y practicarlo no es ni más ni menos tedioso que practicar la ingeniería. Todo tiene sus áreas tediosas. Si tú ves de rabo a cabo una vista en lo criminal o civil, el 75% va a ser tedioso”, argumentó.

En ese punto Velázquez Hernández hace un detente y reflexiona sobre cómo la transmisión de la vista preliminar y vista preliminar en alzada contra Luis Gustavo Rivera Seijo, ha provocado una ilusión sobre el litigio y la práctica del Derecho, como algo llamativo, una idea romántica.

“Todo lo que hicieron (Mario) Moczó y Lester (Arroyo) —quien fue su alumno— con ‘el caso de Cacho’ llevan haciéndolo hace más de diez años. Han bregado miles de casos de diferentes delitos, miles de casos de madres negligentes y no hay ni una sola pregunta de las que hicieron allí que probablemente no hayan hecho mil veces. Así que fantástico lo que hicieron, pero por cada caso notorio hay mil casos anónimos sin pena ni gloria. Y lo grandioso del caso es que lo hicieron con el mismo ahínco con esos mil casos, que como lo hicieron ahora. Así que eso es lo que hay que aplaudir”, elabora.

Una vez culminó sus estudios en Cornell, trabajó en Fiddler González & Rodríguez en un internado junto a otros 20 estudiantes; no obstante se dio cuenta que le era dificultoso adaptarse a la dinámica de bufetes grandes, pues le frustraba. “Hay gente que le encanta ser una tuerca en la máquina. Yo no puedo ser una tuerca en la máquina. Era un pájaro enjaulado”, explica.

Poco tiempo después le reclutaron para ser “law clerk” del juez federal Salvador Casellas, una experiencia que a juzgar por el cambio de tono en la conversación y sus expresiones, le ha generó una de las mayores satisfacciones de su carrera, no sólo porque disfrutaba el ambiente de tertulia intelectual que imperaba en el trabajo, sino también porque Casellas era un juez que delegaba en su totalidad, oportunidad que le permitió aprender mucho pues los “clerks” eran prácticamente “el brazo del juez”. En su trabajo, asistiendo al magistrado en la resolución de sensitivas mociones de casos criminales, aplicó su amor por la lectura y la literatura.

“Mientras más lees mejor escribes porque tú puedes coger prestado. No es plagio, puedes citar y aprender cómo (Ernesto) Hemingway escribe, ser más corto, usar metáforas. Yo citaba a Shakespeare, a Casellas le gustaba eso. El decía ‘aquí se escribe poesía en las opiniones y seguiremos escribiéndola mientras Jorge siga con nosotros’. Es uno de los mejores elogios que he recibido. Fueron los tres años que más me encantaron. Había mucha colegialidad en esos años”, rememora.

Ese amor por la lectura le fue inculcado por su padre desde pequeño, quien tenía como costumbre llevarle a él y sus siete hermanos a la librería Bell, Book and Candle en San Juan, para que estos compraran los libros que quisieran. Don Miguel, según recuerda, le decía que debía leer todos los libros que quisiera y pudiera, que la educación era muy importante. Así que en lugar de comprarles carros o bicicletas, les compraba a sus hijos todos los libros que desearan comprar.

“Ese era el gozo mayor mío y de mis hermanos. Ir todos a Bell, Book and Candle, un miércoles por la noche o los fines de semana, ese era el pasadía familiar. Y comprábamos los libros de Mafalda, el Quijote… A mí me gustaba Time Magazine. No eran libros serios, pero comprábamos lo que queríamos. A veces se gastaba 100 dólares en libros (que ahora serían 500). Él gastaba lo que fuera para que viniéramos con libros. Ese amor por la lectura, de tener libros siempre ha sido el primer amor de todos en la familia Velázquez”, señala con emoción.

El testimonio tangible de lo que narra se encuentra precisamente en el estudio en que realizamos la entrevista, en la forma de un gigante anaquel que guarda parte de la numerosa colección de libros que adquirieron los Velázquez. Es en ese mismo espacio donde imparte sus cursos preparatorios de reválida a sus estudiantes, labor a la que se ha volcado a tiempo completo en los últimos años, luego de que culminara sus labores como profesor en la desaparecida Facultad de Derecho Eugenio María de Hostos en Mayagüez. Allí impartió los cursos de Derecho Constitucional, Derecho Laboral de Puerto Rico, Derecho Laboral federal, Quiebras y Jurisdicción federal.

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Su padre, quien mantuvo exitosamente durante 31 años su conocido curso preparatorio de reválida, enfermó de Alzheimer en el 2001 por lo que Velázquez Hernández tomó las riendas del curso, habiendo antes actualizado los diversos folletos o mamotretos que utilizaba su padre. Algunos de estos mamotretos fueron creados y ampliados por él tiempo antes.

De esa forma, en esos mamotretos se entrelazan el “Pérez López” de Miguel Velázquez Rivera con nuevas ilustraciones e historias que su hijo ahora crea para continuar asistiendo a los cientos de estudiantes que aspiran a ser abogados, a obtener la ansiada licencia. Juntos él y su padre acumulan un legado de 47 años de instrucción a aspirantes al ejercicio de la abogacía.

La filosofía pedagógica de Velázquez Hernández es sencilla: “hay que ser humilde” pues los estudiantes “saben de todo”. Por ello entiende que como profesor “hay que dejarse pasmar y saber decir ‘no sé’ cuando no se conoce sobre algo”.

“Los estudiantes leen los libros, leen preguntas y lo saben todo. Si uno es buen profesor debe dejarse pasmar y saber decir ‘no sé’. Las palabritas que a ellos les gustan y respetan más son cuando un profesor dice ‘no sé’. Y el 95% de los profesores lo que hacen es que gritan o les dicen que eso no es parte del curso”, argumenta.

Para Velázquez Hernández la ética en el profesorado y la dinámica entre estudiante y educador debe ser evaluada. El respeto entre ambos es fundamental y ese es uno de los valores que aprendió de su padre: ser generoso con sus estudiantes, convertirse en el mentor que necesitan.

“La gran diferencia entre el profesor y el estudiante es que el profesor se leyó el libro primero. Obviamente el profesor tiene más experiencia, sabe ‘cómo se bate el cobre’ y puede hacer dos cosas: hacerse el loco y dejar que aprendan a la mala los estudiantes o tratar de dar una mano, ser un trampolín, una plataforma de lanzamiento para los muchachos. Si tú eres un profesor seguro de ti mismo debes ser generoso. Hay una actitud de ser intimidante ante los estudiantes, de tratar de probar que se es superior siempre, y esa dinámica debe ser reevaluada. Es arrogante y viola la ética del profesorado. Así que aprendan a ser generosos y no se crean que que el estudiante lo supere es algo que socava, al contrario”, comentó.

Aún así, mantiene que la excelencia es esencial para mantener los cursos que ofrece, y aunque es una labor drenante, trabaja todo el año para “estar al día en todas las materias” y hacer que su curso valga su precio. “Aunque haya un 10% que no sé, pues en el otro 90% estoy muy preparado y ellos respetan eso. Yo aprendí a la mala que cuando uno no está preparado a uno lo miran así y fruncen el ceño. No le des oportunidad. Mi curso ha mejorado exponencialmente durante los últimos cinco años porque estoy con eso a tiempo completo. No me arrepiento. Es bien drenante y tienes que estar al día en todo”, explicó.

Al hablar sobre la reválida, a la que describió como “un monstruo que hay que domar”, apuntó que la clave es “no buscarle las cinco patas al gato”, no pelear con los hechos y el Derecho, pues eso muchas veces determina si se pasa o se fracasa. Por eso es importante “aprender el derecho aplicable y la jurisprudencia que colateralmente se cuela en la lista de especificaciones”.

Sobre las controversias acerca de la reválida boricua, Velázquez Hernández elige opinar sobre las ya controvertidas seis (6) únicas oportunidades que tienen los aspirantes para pasar la reválida. Ese ha sido un tema popular en sus páginas, donde aspirantes han buscado saber su opinión al respecto. Para el letrado, no debe haber límites para tomar la reválida pues no hay correlación alguna entre pasarla dentro de seis intentos y ser un buen abogado.

“Hay buenos estudiantes que se cuelgan porque creen que están cogiendo otro examen más. Todo depende de quién habla. Me sorprende la gente, que una vez que pasa, se olvida de lo histérico y tedioso que era y que no hay ninguna garantía. Y demasiada gente es bien cruel y dice que seis veces es suficiente y que quien no pasa a la tercera son unos ‘brutos y colgaos’”. Eso no es cierto. Me consta de gente que pasó la reválida la sexta vez que son unos abogados extraordinarios, que le han sacado un provecho tremendo, mejor que los que pasan a la primera vez. Un estudiante corrupto sigue siendo corrupto con licencia. Un estudiante integro porque lo criaron bien y así nació, es un licenciado integro”, recalcó.

Velázquez Hernández profundiza en que lo determinante sobre estudiar y pasar la reválida son los “ajustes personales y profesionales” que deben hacer los estudiantes y si dentro de sus circunstancias pueden hacerlos. También se debe trabajar sobre el nerviosismo y estrés que se experimentan, que muchas veces va a acumulándose según van fracasando hasta convertirse en un gran reto.

“Puede ser que matemáticamente se pruebe que las primeras tres son suficientes. Pero puede haber un individuo que la pase a las cuarta y esté bien agradecido. Y puede que ese sea el próximo (Mario) Moczó, el próximo Lester Arroyo o el próximo Pito Silva. He tenido tres estudiantes que se colgaron en la sexta que son muy buenos, pero tuvieron asuntos personales y no pudieron estudiar y tienen ese nerviosismo. Esos no podrán ejercer nunca, tienen cien mil pesos de deuda encima, tendrán que empezar en otra jurisdicción desde cero, tienen el estigma de que se colgaron cuando hay personas mediocres que la pasaron, y no podrán usar sus talentos y experiencias para echar hacia adelante a la sociedad… Así que si tengo que decidir: cero límite a la revalida. Hay menos daño dejando que sea ilimitado, a limitarlo y que esos tres muchachos que no pasaron tengan la oportunidad de pasarla a la séptima o cuando sea porque me consta que son íntegros y buenos abogados”, puntualizó.

A las 5:50 p.m. interrumpimos la entrevista, pues ya comenzaban a llenar el salón los estudiantes de su curso de reválida. El profesor Velázquez Hernández nos había advertido antes de comenzar que sin falta comienza sus clases a las seis en punto. Al enterarse de nuestra entrevista, una estudiante nos relató cómo conoció al profesor en Ficus, en momentos en que intuía fracasaría en la reválida que estaba tomando. Velázquez Hernández le aconsejó. “Él es un profesor muy humano, siempre disponible para sus estudiantes”, nos afirmó.  Con ello confirmamos lo que antes nos explicaba Velázquez Hernández sobre la generosidad entre el educador y el educando. Dos puntitos para el profesor.

El Lcdo. Jorge Velázquez Hernández ofrece cursos de Educación Jurídica Continua así como los repasos de reválida estatal y reválida Federal. Fue profesor en la Facultad de Derecho Eugenio María de Hostos e impartió cursos de Daños y Perjuicios, Sucesiones y Fideicomisos, Derecho Administrativo, Derecho Comparado e Invesigación y Redacción Jurídica en la Universidad Vytautas Magnus en la ex-República Soviética de Lituania. El licenciado Velázquez Hernández ha sido autor de varios libros entre los cuales se encuentran: A First Circuit Primer on Criminal Law (2001); The Federal Rules of Evidence as Interpreted by the First Circuit of Appeals and the U.S. District Court of Puerto Rico (2000); Curso sobre derecho laboral de Puerto Rico (2015); Curso sobre derecho laboral federal (Título VIII) (2014); Curso sobre derechos civiles federales (2015); Curso sobre jurisdicción federal en siete volúmenes (2015) y Curso sobre la ley federal Americans with Disabilities Act (2015). Su estudio queda ubicado en la Avenida Esmeralda en Guaynabo.

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