20 consejos para cualquier abogado

20 consejos para cualquier abogado

Por el Lcdo. Donald R. Milán Guindín

Partiendo de la premisa de que los abogados sí tomamos consejos y en consideración a los primeros dos mandamientos expuestos por el procesalista uruguayo Eduardo J. Couture, titulados Estudia y Piensa, comparto con el amigo lector estas notas o consejos las cuales resulta justo titular tal y como se titulan.

1. Ahorre: aún con la legislación laboral existente, debe un abogado pensar que podría ser despedido de su lugar de empleo en cualquier momento. Para quienes se denominan “sus propios jefes” sabrán que un día se cobra y otro día –cuando uno así lo imagina– el cliente no aparece. Así que todos los abogados debemos ahorrar, como medida para asegurar el pago de nuestras obligaciones, deseos y necesidades o por razón de querer llevar algún buen caso en el cual el cliente no tiene para pagar los gastos de litigación o incluso en caso de una emergencia o enfermedad imprevista. Todos debemos crear un buen hábito de ahorro.

2. Sea puntual: la puntualidad es una muestra de respeto a los demás, claro está, en los tribunales eso debe venir acompañado de paciencia. En las salas de los tribunales se pasa más tiempo esperando por que llamen su caso que litigando, así que llévese algo para leer. De todas formas, sea puntual en sus compromisos.

3. Ahorre: no está repetido por inadvertencia, sólo quiero recalcar lo importante que es dicho hábito.

4. Respete el tiempo suyo y el de los demás: debo aclarar que no creo en la jornada de trabajo de ocho horas (debe ser menor). Si creo en que los abogados debemos ser laboriosos y responsables en el cumplimiento de nuestras tareas. Ahora bien, esto no debe equivaler a trabajar largas horas día a día, exprimiendo el rendimiento máximo –si alguno en ese momento– de nuestras neuronas. Planifique sus días y asígnele prioridad a cada asunto. Evite enviar correos electrónicos o llamadas sobre asuntos del trabajo a compañeros pasado las 5:00 p.m., en fines de semana o durante su hora de almuerzo. Si le agrada trabajar –como es de mi agrado– esporádicamente en los fines de semana, no pretenda que otros estén haciendo lo mismo.

5. Sea práctico: no imprima o fotocopie un documento de no ser necesario. Presente al tribunal un escrito sólo de ser inevitable y sea breve.

6. Verifique sus escritos: si determina preciso la presentación de algún documento al tribunal, el envío de una carta o correo electrónico, sea breve y exponga su idea claramente. De nada vale citar diez casos que dicen lo mismo si nadie entiende lo que quiere decir en el resto del escrito. Exponga claramente su petición al comienzo del escrito.

7. Sea organizado: en esta profesión cada minuto cuenta, organice su jornada de trabajo, sus comparecencias al tribunal y sus reuniones de tal manera que pueda cumplir con lo propuesto. Diseñe el sistema que más le convenga para archivar documentos de forma tal que tenga una noción visual de los asuntos que están pendientes de resolverse, asuntos que están pendientes de la presentación de algún escrito, entre otros.

8. Sea amable y humilde: la amabilidad y la humildad dejan mucho más que decir que cualquier otra cualidad. Ahora bien, esto no debe equivaler –para efectos de su interpretación– a ser tonto o dejar que los demás lo atropellen.

9. Escuche y de ser necesario hable: escuche primero que le dicen y le preguntan, y luego hable. Si salta a mitad de argumentación de la parte contraria para refutar algo podrá perderse del resto de la alocución que tal vez le convenga. Igualmente, escuche con detenimiento a los jueces cuando le hablen. Resulta de utilidad hablar en último lugar, así tendrá la oportunidad de conocer el parecer de todos.

10. Lea: esta profesión –que se asemeja casi a un deporte– requiere de lectura incesante. Nuestros legisladores se dan a la tarea, con gran frecuencia, de enmendar lo ya aprendido por nosotros en alguna ocasión o de crear nuevas leyes. El Supremo estatal y federal publican un sinnúmero de opiniones que debemos conocer. Ahora bien, no tiene nada de malo admitir que uno no lo conoce todo, pero sí uno tiene el deber de mantenerse al día en lo que le compete. Así que designe unas horas a la semana para repasar lo nuevo. Por último, no limite sus lecturas al asunto legal, lea de todo un poco.

11. Si tiene una duda busque en los libros y luego consulte a sus amigos: se aprende mucho más primero buscando en los libros y luego consultando con algún compañero sus dudas, de lo contrario podría pecar de copiar inadvertidamente el error o el estilo de otro. Haga este ejercicio y se podría percatar que en ocasiones personas pasan una vida entera haciendo algo erróneamente. Podría darse el caso de encontrar soluciones a otros problemas en su búsqueda.

12. Notifique oportunamente: nuestro sistema estatal se basa en la buena fe de notificación, que ese “certifico” al final de las mociones es cierto. Es decir, presumimos que quien presenta un documento al tribunal a su vez lo notificará –oportunamente– a las demás partes del caso. Oportunamente no significa dos días después, significa el mismo día y de ser posible mediante correo electrónico. No guarde mociones presentadas para ganar algo de tiempo.

13. No deje las cosas para último momento: existe un término de radicación para casi todos los escritos que uno tuviese que presentar, pero no existe razón lógica alguna –como norma general– para dejar las cosas para último momento. ¿Qué pasa si se va la luz? ¿Se daña la impresora? ¿Se va el Internet? ¿O lo invitan a una fiesta? Le diré que pasará: a la fiesta no podrá asistir, tendrá una anotación de rebeldía, un cliente molesto, una posible desestimación, un requerimiento de admisiones admitido involuntariamente, una sanción por el Tribunal Supremo y una posible demanda por impericia profesional, entre otras cosas. Prográmese para el peor de los escenarios, de ser necesario, engáñese a sí mismo y acorte los términos.

14. No imite: sea genuino. Nunca trate de ser igual a nadie, ni al más genial de los abogados que haya visto. Sólo será natural siendo usted. Aprenda de sus compañeros de más y menos experiencia y adopte lo que entienda que a usted, siendo usted mismo, le podría funcionar.

15. No grite: contrario a la opinión de muchos, el gritar no le garantiza resultado alguno, con excepción de irritar a los demás. Si acostumbra a las personas a escucharlo gritar todo el tiempo, el día que necesite que le presten atención, ¿que hará? Comunique su mensaje en un tono firme y de forma organizada. No será menos abogado por el hecho de hablar pausado y sin elevar el tono. Claro, llegará el momento en que tendrá que subir la voz, pero que no sea esa su costumbre.

16. Luche contra las injusticias: los abogados podemos percibir las injusticias con mayor facilidad. Luche contra ellas. Tenga claramente establecidos cuáles son sus principios y sea fiel a ellos.

17. Sea útil: los abogados tenemos un deber ético de servirle a la sociedad. No tenemos que salvar el mundo, pero sí podemos hacer la diferencia. Sea de utilidad para sus vecinos, sus padres, sus amigos y sus compañeros de profesión. Dele una mano a todos cuando lo entienda necesario.

18. No tenga miedo: deje a un lado el miedo a ser diferente, a equivocarse, a perder, y siga su corazón. No confunda esto con asumir causas para las cuales no es competente aún, si eso sucediera siga la nota #10 y acepte el caso cuando esté listo.

19. Cobre por su trabajo y regálelo también: cobre lo justo por su trabajo, ni más ni menos. De ser necesario, regale su trabajo también. No todo en la vida es dinero, si se encuentra con una causa justa y entiende ser competente para ello, llévela. No rebaje sus honorarios por aceptar un caso –como tampoco para quitárselo a un compañero– eso sólo le ganará un cliente desleal.

20. Disfrute la vida: con ese dinerito que ha ahorrado por su buen trabajo disfrútese la vida: salga, comparta, tómese vacaciones. En esta profesión los días pasan muy rápido y se nos olvida compartir con los seres queridos nuestros. No todo puede ser trabajo. Cónsono con esto, es necesario hacer algún tipo de ejercicio y estar pendiente de nuestra salud.

En algún grado estos consejos tienen una secuencia lógica, uno no podría ser –probablemente– sin el otro. Podrá el amigo lector dependiendo del tipo de práctica que lleve añadir otros. Mi invitación es que le den algún grado de consideración y aplíquenlos a sus vidas.

 

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