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Reflexión obligatoria para abogados durante esta época

Por el Lcdo. Donald R. Milán Guindín

Reflexión obligatoria para abogados durante esta épocaUno de los ejercicios que comúnmente realizamos todos los puertorriqueños para la época navideña e inicios del año entrante es la llamada lista de resoluciones, que en muchas ocasiones se extiende más allá de la del año anterior. Con gran probabilidad está en la lista de todos la dieta y el ejercicio.

Planteo las siguientes preguntas a los amigos abogados que leen esta nota: ¿Debemos nosotros los abogados hacer una reflexión particular a fin de año? ¿Debemos incluir algunas resoluciones para el próximo año?

Cada tribunal en nuestra Isla tiene su mística y encanto, el de Ponce tiene su cafetería; donde diariamente se reúnen los abogados a discutir temas variados por demás. Nunca falta –entre los temas– la designación de oficio, la situación económica y los eventos jocosos en las salas del tribunal. Igualmente, nunca falta la expresión de lo bonita que es nuestra profesión y el papel que ejercemos los abogados en la vida de los demás. Precisamente, sobre esto último es que invito a los compañeros a reflexionar.

Para nuestros representados somos su voz dentro y fuera de los tribunales con relación a su causa y en ocasiones su paño de lágrimas. Sin lugar a dudas, en ocasiones se nos exige, de nuestros representados, más tiempo del que podemos dar para atender asuntos colaterales. Nos llaman a altas horas de la noche y los fines de semana. Dejando a un lado esas particulares, por así llamarle: ¿Estamos dando el máximo por ellos? ¿Atendimos sus causas adecuadamente? ¿Entendemos sus reclamos?

El gran abogado estadounidense Gerry Spence enérgicamente señala como característica esencial de cualquier buen abogado el ser un “ser humano”. Aunque parece tonto este señalamiento, la realidad es que las Escuelas de Derecho cometen la negligencia de enseñarnos sólo Derecho y programarnos para sólo buscar elementos, controversias, causas y defensas, nada más. De repente nos graduamos y nuestro lenguaje y forma de hablar cambia, comenzamos a ejercer la profesión y olvidamos cómo hablar, sólo hacemos preguntas, eventualmente olvidamos cómo ser “seres humanos”. De repente sólo escuchamos lo que necesitamos para resolver la controversia, perdiendo ese sentido de razón y de entendimiento que se sale de lo que establece el Derecho. Sin lugar a dudas, eso incide sobre nuestra relación con nuestros representados y nuestras vidas.

La reflexión obligatoria entonces debe ser el evaluar si hemos llegado a convertirnos en máquinas calculadoras ¡Tal vez pensamos que no! Pregúntenle a sus amistades que no pertenecen a la clase togada. Evaluemos entonces cómo incide sobre nuestra relación abogado-cliente y sobre nuestras vidas esta conducta, por así llamarle. Después de eso, añadan a su lista de resoluciones actividades, lecturas o cualquier forma para re-programarse como “seres humanos”. ¿Quién sabe? Tal vez nos sea de utilidad.

Al amigo lector, ¡felices fiestas y próspero año nuevo!

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