A un año de haber juramentado: Cuando me dijeron que no podría ser abogado

Por: Lcdo. Javier Francisco Ramos Rodríguez

Era 1997 y comenzaba mi primer año de bachillerato en la Universidad de Puerto Rico en Humacao (UPRH). Trabajaba en la desaparecida Librería El Búho. Allí me dedicaba a fotocopiar, encuadernar, laminar documentos y estaba encargado del mantenimiento de las facilidades. Comencé en ese trabajo a los 16 años por la necesidad de ayudar económicamente en mi hogar, toda vez que mi madre había enfermando y había problemas económicos. Mi jefe era el Lcdo. Héctor Rommel Cintrón, quien al igual que mi padre, era profesor en la UPRH. También era CPA, abogado y comerciante en esa época. Él se convirtió en una especie de amigo mentor. Producto de esa mentoría, desarrollé un gran respeto y admiración por él. Identifiqué en Rommel un ejemplo a seguir a nivel profesional.

En una conversación con mis padres, mencioné esa admiración por mi mentor, en la cual me expresé sobre mi intención de ser abogado, trabajar y hacer negocios. A ello mi padre contestó: “Javier, tú nunca podrías ser abogado”. Fueron palabras fuertes y desacertadas para un joven en esa etapa. En su defensa, creo que papi se reflejó. Quizás, él rechazaba los dilemas morales y el hecho de asumir posturas difíciles de digerir, como se nos imputa a los abogados al defender los derechos de personas imputadas de delito y en otros asuntos.

Mucho ha pasado desde entonces hasta hoy que celebro el primer aniversario de haber juramentado como abogado. Aprendí desde muy joven que cuando una persona decide, se compromete y actúa en pro de sus sueños consigue lo que quiere. Mi papá pensó en ese momento que no podría ser abogado, y cometió el error de decírmelo. Un error que pudo haber echado al traste mis sueños. Afortunadamente durante toda mi vida he tenido que verme cara a cara con la adversidad, algunas tragedias y varios obstáculos que han formado en mí un carácter férreo, determinado y competitivo.

Hace cinco años murió papi. Todos pensaban que el golpe de su muerte podía aniquilar mi camino hacia esa meta. Como todo padre y madre, cometió errores. Sin embargo yo sabía que papi estaba orgulloso y él sabía que mi compromiso no era con él, sino conmigo. Un compromiso inquebrantable y una determinación de acero que él me había legado con su ejemplo y que permitió que esas erradas palabras no encontraran tierra fértil donde germinara frustración ni desistimiento sobre mis metas. En retrospectiva, agradezco lo que dijo, pues nada mejor que lograr superar un reto. Como eso lo tomé y prevalecí. Pero… cuidado padres, a veces el terreno sí estará fértil.

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