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De la cárcel a la universidad: la educación y el poder de la transformación

La profesora Edna Benítez Laborde conversó con Microjuris sobre la primera clase graduanda de personas privadas de la libertad que obtiene un bachillerato de la UPR.

Por Valeria Alicea Guzmán

Con toga, birrete y un banderín emblemático de la Universidad de Puerto Rico (UPR) en Río Piedras, 12 graduandos del Programa de Estudios Universitarios para Personas Confinadas confirmaron ayer que el ser humano tiene el poder de la transformación.

“La culminación de un bachillerato que tomó ocho años, es para mí un logro. Realizamos lo imposible y la utopía se convirtió en realidad. Para mí es admirable lo que han hecho estos estudiantes porque se han puesto de pié, se han defendido y han defendido su humanidad”, resaltó la coordinadora del proyecto, Edna Benítez Laborde.  

El programa, que se caracteriza por incorporar a mujeres privadas de la libertad, es una colaboración entre la UPR y el Departamento de Corrección y Rehabilitación (DCR), que comenzó como una iniciativa del fenecido catedrático Fernando Picó. 

“Un poco del argumento de Picó, que tuvo que convencer a Corrección para que el proyecto educativo se diera en una custodia máxima, era primero una cuestión de derechos humanos. Segundo, que la población de máxima es a la que menos programas se ofrecen y que están en unas condiciones muy onerosas: 23 horas encerrados, una hora de recreación, en un espacio limitado”, expresó Benítez Laborde. 

La licenciada confesó que ha sido un camino largo y difícil porque ambas instituciones cumplen con propósitos diferentes. Para la profesora, es atípica la combinación entre el sistema correccional y la universidad porque una busca el castigo y, la otra, la formación académica.

“No quiero decir que la libertad de cátedra se haya visto afectada, porque la verdad es que no, pero el ámbito de acción bajo vigilancia, bajo control, con todos los rigores de la cárcel, con todos los reglamentos que nos aplican una vez nosotros cruzamos ese portón, con toda la mirada de lo correccional, impacta ciertamente el proceso educativo”, agregó la abogada. 

Las y los egresados de la UPR completaron un bachillerato en Artes con concentración en Estudios Generales. Según Benitez Laborde, el deseo de estas personas por continuar formándose académicamente no culminó en los actos de graduación, sino que aspiran a continuar estudios graduados. 

Justicia restaurativa 

La coordinadora del proyecto comentó que el que las y los exestudiantes de la UPR completaran el bachillerato representa, además de un logro individual, es un acto que choca con la perspectiva de la sociedad. Por tanto, destacó que es importante reflexionar sobre el sistema penal y qué se considera justicia. 

“En una escala menor, poner en práctica otro paradigma que tiene que ver con la justicia restaurativa, con el perdón, con la esperanza, con reintegrar verdaderamente a las personas y no descartarlas porque la ley penal las condenó”, manifestó. 

Además, cuestionó la idea que tiene la sociedad sobre la cárcel y la pena de muerte como equivalente a justicia

“Aquí no se trata de mirar al individuo, al criminal, al delincuente como un ser que actúa solo, que está enajenado del contexto y estructura social. De alguna manera, está construida con sesgos y que está construida para excluir a una parte de la población”, sostuvo. 

Afirmó que se debe realizar una mirada holística a la sociedad y analizar el conjunto de factores que influyen en la violencia y la criminalidad. “Hay que pensar en el macro. Como sociedad, ¿qué estamos haciendo?”, cuestionó. 

 “A veces hay que creer para ver, y si tú crees en que el ser humano es capaz de la transformación y es capaz de hacer una segunda narrativa o tercera de su vida, entonces como sociedad tenemos que dar ese tipo de oportunidad”, concluyó.