Sobre cómo contrainterrogar un psicólogo o psiquiatra de forma efectiva

El contrainterrogar y cuestionar profesionales de la salud mental, es una de las tareas que a menudo deben enfrentar los abogados y para la cual no siempre están 100% preparados. Ya se trate de una lesión personal o un caso de negligencia médica, una vista para determinar si una persona es procesable para someterse a juicio o como parte de una vista pre-sentencia, en algún momento un abogado deberá enfrentarse a uno de estos profesionales.

El problema con los psicólogos o psiquiatras, es que son testigos difíciles de cuestionar efectivamente. Según ABA Journal, esto se debe a que las quejas de los pacientes a profesionales de la salud mental son subjetivas, y el diagnóstico basado en esas quejas suele ser similarmente subjetivo. Incluso si el testimonio se basa en los datos de las pruebas que los expertos en salud mental administran, pocos abogados tienen el conocimiento necesario para enfrentarse a estas.

El abogado William Chamblee conoce muy bien sobre este dilema. Cuando Chamblee comenzó su carrera hace treinta años sentía pánico al tener que contrainterrogar psiquiatras o psicólogos. Sin embargo, pudo vencer sus miedos cuando le tocó contrainterrogar a un famoso experto.

“Contrainterrogué a Dr. Phil [McGraw] como experto en un caso a finales de los 80 en una pequeña ciudad en el oeste de Texas. Aún no había sido experto para Oprah Winfrey pero a menudo era contratado por abogados de demandantes para ser un testigo experto en distintos litigios. Había contrainterrogado a varios expertos antes, pero él era el mejor”.

Chamblee atribuye su victoria en ese caso a su preparación. Por tanto, antes de que llegara el momento, sabía que unas de las cosas que debía hacer durante el contrainterrogatorio, era controlar al testigo.

“Un psicólogo o un psiquiatra suele ser más difícil de contrainterrogar que otro tipo de experto, especialmente uno con una personalidad fuerte”.

Bruce Leckart, un psicólogo forense de Los Ángeles y profesor emérito de psicología en la Universidad Estatal de San Diego, ha desarrollado un conjunto de reglas para el contrainterrogatorio de profesionales de la salud mental. Una regla es nunca preguntarles directamente sobre el paciente, sino limitar las preguntas a su informe. Otra es determinar siempre si han tomado nota del historial completo de los síntomas y quejas del paciente para apoyar el diagnóstico.

Por su parte, Dorothy C. Sims, de Ocala, Florida, concentra su práctica casi exclusivamente en el interrogatorio de testigos expertos. Sims fue miembro del equipo de defensa de Casey Anthony, quien fue absuelta en 2011 del asesinato de su hija de 2 años, Caylee. Sims dice que los procesos de los psiquiatras y psicólogos pueden ser muy vulnerables a ataques. El objetivo, argumenta, debería ser destruir el testimonio desde la etapa de deposición, para que el oponente se vea obligado a retirar al experto en salud mental, idealmente después de que sea permisible nombrar un reemplazo.

También es importante entender las diferencias en la formación y la educación entre los profesionales de la salud mental. Los psiquiatras han obtenido un título médico y completado un internado médico general y luego una residencia en psiquiatría. Debido a su formación médica, pueden escribir recetas, ordenar e interpretar exploraciones cerebrales o realizar análisis de sangre, y realizar exámenes físicos. Sin embargo, los psicólogos no tienen un grado médico. En cambio, han obtenido un PhD o un PsyD (doctorado en psicología). Están entrenados en diagnósticos psicológicos, además de pruebas psicológicas, que produce la única forma de datos objetivos en una evaluación de salud mental.

“A base de mi experiencia, la mayoría de los psiquiatras no tienen ningún entrenamiento en pruebas psicológicas en absoluto”, señaló Leckart.

Otra forma de atacar la credibilidad de un perito, es atacando sus procesos. El Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM, por sus siglas en inglés) es la guía seminal de la Asociación Americana de Psiquiatría sobre trastornos de salud mental. Leckart dice que muchos expertos ni siquiera coinciden con su diagnóstico a los síntomas enumerados en el tomo.

“Está claro cuáles son los criterios diagnósticos, y los médicos siempre tienen una enorme brecha entre los criterios diagnósticos y los datos en su informe—que no tienen los datos adecuados para diagnosticar el trastorno que diagnostican. Uno de los trastornos más frecuentes que los demandantes alegan es un trastorno depresivo mayor. DSM requiere que al menos cinco de nueve síntomas estén presentes para ese diagnóstico. Si compara el informe del médico con los criterios del DSM, el médico a menudo no ha proporcionado suficiente información para apoyar ese diagnóstico”, señala Leckart.

Otra parte de la evaluación de cada psiquiatra y psicólogo es el examen de estado mental, en el que un experto se sienta cara a cara con un paciente y hace preguntas estándar que suscitan respuestas relativamente observables, dice Leckart. Esto prueba la memoria, la atención, la concentración, la comprensión, el juicio y las habilidades verbales. Los informes de los expertos a menudo incluyen sólo conclusiones, tales como: “La memoria de Carmen estaba disminuida”.

Según Leckart, “eso no es suficiente”, pues es una conclusión resumida. Ante una aseveración como esa, el abogado debe cuestionar durante la deposición o el juicio cuáles fueron las técnicas que el profesional empleó, que le llevaron a concluir que la memoria de Carmen estaba disminuida. Además, si faltasen datos en el informe, debe cuestionarse en qué parte del informe pueden encontrarse esos datos o en qué otro lugar quedaron plasmados los datos que demuestran la conclusión hecha.

 

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