Sobre estos aspectos, los clientes no pueden ser una prioridad

Desde luego que los clientes son importantes. Es por ellos que nos desvelamos, son ellos quienes nos pagan y mantienen viva nuestra práctica. No obstante, si de algo “pecamos” los abogados, es de descuidar otros aspectos de nuestra vida por nuestros clientes, lo que finalmente nos provoca ansiedad y estrés.

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Por eso, si no lo has hecho, este es el momento de detenerte y examinar los límites que puede tener la relación con un cliente, de manera que no afecten tu vida profesional y personal.

1. Ética: La primera barrera entre la noción de que “el cliente o el caso es más importante” es la ética. Cualquier error o mala relación con un cliente puede provocarte una querella ética con consecuencias sobre tu vida profesional o personal. No hacer nada por un caso o cliente que ponga en entredicho tu ética laboral es una regla de oro. Por ejemplo, aun cuando el cliente lo pida, jamás se debe: esconder información relevante o mentir ante un tribunal, destruir documentos, permitir que un cliente destruya evidencia o promoverlo e ignorar o actuar con indiferencia cuando sabes que un cliente está mintiendo bajo juramento o te está mintiendo a ti. Ante ese tipo de situación lo mejor siempre es renunciar.

2. La familia: Como en todo en la vida, hay que aprender a encontrar un balance. Y quizás esta es la parte más retante de ser abogado. Por un lado, no te puedes permitir ignorar a un cliente o no contestar sus llamadas porque estés con tu familia, pero dedicarle demasiado tiempo a los clientes y no interactuar con tu familia o no estar presente en el hogar no es saludable tampoco. Balance.

3. Tú mismo: La profesión legal puede ser extremadamente retante en múltiples niveles. Los clientes pueden ser muy exigentes, al igual que tus jefes, si trabajas en un bufete. Los tribunales pueden imponer términos muy cortos y las otras partes o sus abogados pueden hacer de tu vida una miseria. Además, la mayoría de nosotros nos imponemos estándares muy altos en el camino.

Como abogados no queremos decepcionar a nuestros clientes. Pero esa actitud, si se lleva a extremos, puede suponer una tendencia a ignorar nuestra propia salud. Si no has logrado un balance en cuanto a tu autocuidado, no estás en condiciones de cumplir con sus obligaciones para con tus clientes.

Si tu vida personal (finanzas, relaciones, salud mental, salud física, lo que sea) es un completo desastre, entonces haz lo que sea necesario, por el tiempo que sea necesario, para resolverlo antes de continuar con la práctica.

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