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Judith Berkan analiza el estado de la justicia en Puerto Rico

En la segunda parte de su conversación con Microjuris, Judith Berkan aborda el estado de la justicia en Puerto Rico, los cambios en la profesión legal y los retos que identifica en la formación de nuevas generaciones de abogados.
Resumen de puntos principales
  • Renuncia por frustración con el estado de la justicia, deterioro institucional y disminución de la calidad de los juristas.
  • Denuncia abuso de poder y dinero que limita el ejercicio de derechos y favorece intereses de personas poderosas.
  • Critica la formación de nuevas generaciones por falta de cultura, empatía y visión no mercantil del derecho.
  • Propone que el cambio será un movimiento popular; aconseja a estudiantes no perder su humanidad ni su puertorriqueñidad.
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Por Daniel Rivera Vargas

Judith Berkan deja la práctica de la abogacía y expresa frustración con el rumbo de la justicia en Puerto Rico, según indicó la letrada en entrevista con Microjuris.

Al explicar las razones que la llevan a dejar una profesión en la que ha trabajado extensamente en el campo de los derechos civiles, la jurista de 77 años señaló: “Es el estado del derecho, la destrucción de las instituciones, la pobre calidad de los juristas que deciden los casos, el deterioro general en Puerto Rico que se refleja en la profesión legal”.

“Estoy sumamente frustrada. Yo empecé en esta profesión en la Escuela de Derecho en el 71; son 55 años que llevo en la profesión. Cuando empecé teníamos muchas avenidas para nuestra creatividad, había muchos campos de justicia que no eran explorados en los tribunales y pienso que mi trabajo en la academia y como litigante permitió que florecieran esos espacios para que la gente pudiera crecer, y el derecho, que es sumamente dialéctico, podía expandirse a favor de los grupos que tradicionalmente habían sido perjudicados por las estructuras de poder… Yo veía el derecho como un método, no aislado, para ayudar a combatir esos intereses y creo que eso hoy no es una opción muy viable”.

¿Por qué?, se le preguntó.

“Un sistema de derecho es un reflejo de la sociedad y ahora mismo estamos en un momento donde se está desvalorando todo lo que entendía que debía valorizarse. Eso se refleja en los jueces, en las doctrinas que se están usando para aplastar derechos y, más que nada, en el abuso del poder y dinero que tienen algunos sectores que aprovechan su posición para limitar el ejercicio del derecho”.

La abogada, cuya trayectoria incluye asuntos relacionados con abuso policiaco, hostigamiento y derechos civiles, también se refirió a la formación de las nuevas generaciones de profesionales del derecho.

“Mis estudiantes tienen menos cultura que antes. No han leído sobre historia, entonces cogen doctrinas legales en una abstracción total de su impacto en la sociedad”, mencionó. “A muchos de estos estudiantes o abogados jóvenes en la práctica les falta empatía y un entendimiento de las consecuencias de sus acciones como abogados… Ven el derecho desde el punto de vista puramente mercantil y no toman en cuenta la disparidad, la falta de igualdad en las relaciones legales y cómo afecta las adjudicaciones de los casos”.

“Otra razón es que la profesión está cambiando con la inteligencia artificial. Están cayendo muchos abogados y abogadas en el entrampamiento de creer que lo que viene de una computadora es la realidad, citar casos que no existen, las llamadas alucinaciones. Pero la práctica está cambiando tanto que, a mi edad, no tengo la habilidad de dominar esos mecanismos de la inteligencia artificial, pero tampoco tengo el deseo porque veo algo que no es humano”, dijo.

Berkan también se refirió a lo que observa actualmente en las salas de los tribunales.

“Sí te digo algo que contribuyó a mi retiro: mi práctica es derecho constitucional y derechos humanos, y cuando los clientes ahora llegaban a mi oficina a discutir su caso, yo no podía hacer predicciones en términos del derecho. El derecho está ocupado por personas que se han contaminado mucho. Me es muy difícil predecir lo que puede pasar en un caso… y es difícil plantear doctrinas noveles al tribunal”, dijo.

Agregó que entiende que existe una “falta de respeto” a los derechos de la ciudadanía y la vinculó con lo que describió como corrupción dentro del sistema.

“Creo que se puede cambiar, pero es un proceso largo y no será por las instituciones regulares. Yo siempre pensé que en mi trabajo —representar a familiares de los asesinados en el Cerro Maravilla, derechos reproductivos, los pescadores de Vieques, contra el hostigamiento en el empleo— los casos que yo litigaba contribuían a un cambio. Se lograron ciertos procedimientos y protecciones, pero hoy en día el ‘rule of law’ está sumamente cuestionado”, agregó.

“El sistema está diseñado para favorecer los intereses de gente poderosa, pero yo me gradué de leyes y entré en Puerto Rico con un grupo de abogados y abogadas cuyo propósito no era enriquecerse, sino usar el derecho para impactar a la comunidad”, sostuvo.

¿Cómo crees que se puede corregir y cambiar el sistema?

“Tiene que ser un movimiento de pueblo. Esto no va a corregirse en mi vida. Depende de la medida en que el pueblo se tire a la calle. Los grupos que hoy día son pequeños, unos son con la agricultura, otros contra Esencia —megaproyecto que se quiere desarrollar en Cabo Rojo—, son bolsillos… pero tengo bastante fe en que las generaciones que no están asumiendo poder, sino creciendo, pueden influenciar mucho en la sociedad”.

¿Qué les diría a quienes quieran hacer algo?

“En términos de estudiantes de derecho, no se deben desconectar de la cultura en la que viven. Tienen que ver cómo pueden aportar. No tengo la contestación. Cuando yo estaba comenzando teníamos colectivos de abogados, buscábamos cómo hacer el derecho de forma diferente. Si tú empiezas y entras en ese mundo de los privilegiados, de los bufetes grandes, nunca vas a salir. Pero en mi época, en los setenta, cuando yo comencé, había más alternativas para agrupar abogados con un propósito y operar tu oficina en forma que podrías contribuir socialmente y sobrevivir económicamente. Eso de los setenta no es lo de hoy. Y muchos abogados que entran a la profesión del derecho no saben distinguir, solo están buscando un trabajo… No pierdan su humanidad, no pierdan su puertorriqueñidad”.

Eso a los estudiantes, ¿y a los abogados?

“Ojalá yo tuviera una contestación. Yo solo puedo decir: no caigan en despreciar al 90% de la población porque no tiene acceso a los mismos privilegios a los que ellos han tenido acceso”.

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