- Judith Berkan anuncia retiro tras 52 años de ejercicio, con 77 años y problemas de audición que dificultan el trabajo en tribunales.
- Mantiene tres casos activos finales: uno estatal, uno federal y otro en la clínica legal de la Universidad Interamericana.
- Trayectoria académica y profesional destacada: Yale, Harvard, publicaciones, enseñanza y liderazgo en litigios de derechos civiles.
- Representó casos emblemáticos: Vieques, Cerro Maravilla, asesinatos por policías y demandas por hostigamiento laboral y discriminación.
- Planea viajar, escribir, dedicarse a la jardinería y pasar tiempo con sus nietas; critica PROMESA y la corrupción en Puerto Rico.
Una de las abogadas más conocidas en Puerto Rico en el tema de los derechos civiles, la licenciada Judith Berkan, se encamina a dejar la práctica del derecho.
En entrevista con Microjuris, la jurista y profesora de Derecho, nacida en Nueva York pero residente en Puerto Rico desde hace medio siglo, dijo que “la teoría” es que en su futuro se dedicará a viajar, escribirá un libro, hará jardinería y va a “hornear bizcochos”.
Pero también contempla sacar tiempo para sus nietas, dos de las cinco residentes, como ella, en el archipiélago puertorriqueño. “Eso fue un disfrute que perdí en parte con mi hijo porque no pude dedicarle el tiempo que quería”, contó.
¿Es cierto que se está retirando?, fue la primera pregunta.
“Sí. La salud no es lo principal, pero la edad sí. Tengo 77 años ya, llevo 52 años de abogada, acá en Puerto Rico 49 años de eso, y el cuerpo no es el mismo para hacer el trabajo que yo hacía por tantos años. Antes tú me encontrabas a las 4, a las 5 de la mañana, frente a la computadora de la oficina. Ya no puedo. La sordera es importante también. Hay que poder escuchar bien en un tribunal. Ya era hora”, sostuvo la mujer, quien también detalló que le preocupa el actual estado del derecho.
La letrada explicó que actualmente le quedan tres casos activos, que ella entiende serán sus últimos: uno en el foro estatal, otro en el federal y uno en la clínica de la Universidad Interamericana, también en el federal, donde ha ayudado a forjar a una generación de abogados desde la cátedra.
Berkan es una abogada con credenciales impresionantes: cursó estudios de bachillerato en la Universidad de Yale —como integrante del primer grupo de mujeres estudiantes en esa institución— y estudió Derecho en Harvard. Es autora de cerca de una docena de artículos en revistas jurídicas, ha escrito capítulos de tres libros sobre litigación de derechos civiles y una cantidad incontable de columnas en periódicos. Ha sido, además, integrante de diversas organizaciones que luchan por los derechos civiles en Puerto Rico, panelista en conferencias judiciales y de abogados en Estados Unidos, e integrante de comisiones de diversos organismos, incluido el Tribunal Supremo de Puerto Rico.
También ha recibido reconocimientos tanto como estudiante como en su trayectoria profesional, incluyendo uno de los mayores reconocimientos del Colegio de Abogados y Abogadas de Puerto Rico, la medalla Nilita Vientós Gastón, que le fue entregada en 2012.
“La compañera Judith Berkan, como Nilita, ha abierto camino en litigación que ha establecido precedentes, especialmente en el área de derechos civiles, brutalidad policiaca, discrimen por género, por edad”, lee parte del mensaje que pronunció el 7 de junio de 2012 la abogada Josefina Pantojas durante la entrega de la medalla Nilita Vientós Gastón a Berkan y al también reconocido jurista Efrén Rivera Ramos.
Como abogada, Berkan litigó casos en los que puso en juego su libertad personal y su título de abogada —fue sentenciada a cárcel cuando defendió a pescadores en la lucha por sacar a la Marina de Vieques, aunque fue absuelta por el Tribunal de Apelaciones en Boston— y conoció a valiosas personas con desenlaces fatales, como ocurrió con Ángel Rodríguez Cristóbal, activista pro-Vieques muerto a golpes en una prisión de Florida.
Asimismo, ha representado a familiares de personas asesinadas por la Policía, como los jóvenes ejecutados en el Cerro Maravilla en 1978, Arnaldo Darío Rosado y Carlos Soto Arriví, y, ya en este siglo, en la demanda contra Carlos Sustache y Javier Pagán por el asesinato en Humacao de un hombre llamado Miguel Cáceres, cuya muerte fue una de las primeras en ser grabadas en video. En este último caso, sus clientes prevalecieron contra los agentes que dispararon, pero, por una decisión del juez federal Francisco Besosa, “la familia no pudo cobrar nada, cero”.
“Mi oficina gastó docenas de miles de dólares [en ese caso] y no recuperó [el dinero], a pesar de haber ganado. Me pude mantener porque tuve otros casos”, relató la licenciada.
Ese caso y otros que llevó —mencionó el de un joven de apellido Gutiérrez asesinado por la espalda por policías en Carolina y otro contra agentes que tirotearon a un sujeto en una despedida de año en el complejo Monte Park— fueron claves para demostrar deficiencias en el reclutamiento de agentes a unidades que intervenían con ciudadanos, porque muchos de los seleccionados tenían un récord considerable de casos de violencia, resumió Berkan.
Berkan también llevó importantes casos de hostigamiento, como Lipsett v. UPR. Dijo que, por casi 30 años, el programa de cirugía general había graduado solo a cinco mujeres porque “entonces le hacían la vida imposible a las mujeres, las mujeres no podían permanecer allí, el hostigamiento era brutal”, rememoró. Prevaleció.
Asimismo, litigó muchos casos laborales desde el lado de los obreros, en temas variados que incluyen represalias, como cuando representó exitosamente a un geólogo de apellido McCann, despedido de su puesto en la Universidad de Puerto Rico, Recinto Universitario de Mayagüez, en la década de 1980 por expresarse públicamente sobre un proyecto de interés para el gobierno de turno.
“Te voy a decir algo bien satisfactorio en este proceso de transición a mi retiro. Fui a una cita médica, de hecho, de sordera, y la doctora me dijo, al ver mi nombre, me agradeció a nombre de todos los profesores de Mayagüez porque el ambiente [laboral] cambió después de ese caso”, dijo Berkan, quien es miembro de la Junta de Directores del Centro de Periodismo Investigativo (CPI).
La trayectoria de Berkan con el archipiélago boricua, relató la letrada neoyorquina, comenzó con sus lazos con la comunidad puertorriqueña en Estados Unidos, su país natal, pero en el que no se sentía cómoda. En Connecticut trabajó con abogados en temas diversos, como movimientos anticoloniales, y entonces, de la mano de un novio, llegó a Puerto Rico.
Ahora bien, aunque la relación con el novio duró poco, la de Berkan con Puerto Rico fue todo lo contrario: permanece hasta hoy. Descubrió el cariño de la gente y se dedicó a defender a víctimas de atropellos. Se emociona con los avances locales —como el juego de la selección femenina de baloncesto contra China en la reciente Copa Mundial, en el que la isla de 3 millones de personas casi vence al gigante asiático, con una población de 1,400 millones— y se ha compenetrado con la cultura, ya sea por aspectos que atesora o por aquellos que mira de reojo.
“No me gusta la comida. No uso sal ni me gustan las cosas fritas. Pero me encanta bailar, eso es algo especial de los puertorriqueños”, dijo Berkan entre risas.
La abogada no solo está inmersa en la realidad puertorriqueña por su cultura, sino también en temas relacionados con la situación política del país. Esta excompañera de clases del senador Chuck Schumer —a quien le escribió una carta sobre los atropellos que, a su juicio, se cometen desde Estados Unidos contra Puerto Rico, que aún circula en internet pero que el legislador demócrata no contestó— lamenta, por ejemplo, la existencia de una Junta de Supervisión y Administración Financiera en Puerto Rico.
Expresó que esa entidad es producto de los dos partidos estadounidenses de mayoría “para imponerse dictatorialmente” en Puerto Rico. En momentos en que no había acuerdo en nada en Washington, D. C., con una Casa Blanca demócrata y un Congreso controlado por los republicanos, en 2016 ambos bandos hicieron causa común y aprobaron la llamada Ley PROMESA, que establece la Junta de Supervisión.
“Ya vamos para 10 años y todavía siguen aquí”, criticó.
De igual forma, la jurista dijo que existe un alto nivel de corrupción y deterioro social en Puerto Rico, producto, en parte, del efecto de las corporaciones estadounidenses, que han llevado a que haya “un ‘fast food’ en cada esquina”.
Sin embargo, explicó que existe un elemento redentor en la sociedad puertorriqueña: “El espíritu del pueblo es algo extraordinario, que se refleja en su arte, su música, su historia. La amabilidad, la recepción hacia mí fue de abrir los brazos y, en la medida que yo me inserté en la cultura, la política, en el ambiente… Aquí en Puerto Rico la gente me permitió ser parte de esto y sentirme una hija adoptiva”.



