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Editorial del NYTimes: La verdad a juicio en España

Baltasar Garzón

Crímenes terribles fueron cometidos durante y después de la guerra civil española de 1936-39 que ningún tribunal ha llevado a juicio. Nadie sabe a cuántas personas se llevaron, torturaron y asesinaron. Ahora, uno de los más importantes jueces de España, Baltasar Garzón, está siendo juzgado por haberse atrevido a abrir una investigación sobre esas atrocidades.

España es ahora una democracia vibrante, pero el juicio del juez Garzón, que comenzó la semana pasada, es un inquietante eco del pensamiento totalitario de la era de Franco. Garzón enfrenta cargos penales que le podrían suspender de la judicatura durante 20 años por desafiar a una amnistía promulgada en 1977 para facilitar la transición a la democracia. Garzón respondió que en virtud del derecho internacional no puede haber amnistía para crímenes contra la humanidad y que las desapariciones -miles de fosas comunes aún no han sido abiertas- constituyen un delito continuo.

En 2008, el juez Garzón brevemente inició una investigación oficial, ordenando la apertura de 19 fosas comunes y acusó simbólicamente el general Francisco Franco, y a varios ex funcionarios, ninguno vivo, por la desaparición de más de 100,000 personas. Un tribunal de apelaciones cerró la investigación. Al año siguiente, dos grupos de extrema derecha levantaron cargos contra el juez por desafiar la ley de amnistía. El fiscal del gobierno argumentó que ningún crimen se había cometido pero el Tribunal Supremo aceptó el caso.

Por otra parte, el juez Garzón se enfrenta a cargos penales por resoluciones en otros dos casos de carga política. No podemos juzgar los méritos de los mismos. Pero la persecución penal de los jueces por sus resoluciones es poco frecuente en España y podría afectar la independencia judicial.

El juez Garzón se hizo famoso por llevar los casos en contra de los terroristas vascos, los torturadores argentinos, el del ex dictador de Chile, el general Augusto Pinochet, y otros de políticos españoles. Sus poderosos enemigos ahora ven una oportunidad para poner fin a su carrera.

El juez Garzón es sin duda llamativo y a veces se extralimita pero perseguirlo por indagar en los crímenes del franquismo es un delito contra la justicia y la historia. El Tribunal Supremo no debería haber aceptado este caso. Ahora bien, debe absolverlo.

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