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Los derechos de confinados: entrevista a Edna Benítez Laborde

Edna Benítez Laborde
Edna Benítez Laborde

Edna Benítez Laborde es una profesora de literatura en la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras. Posee un Doctorado en Filosofía y Letras de la Universidad del Estado de Nueva York en Albany y un Juris Doctor de la Escuela de Derecho de la Universidad de Puerto Rico. Ha trabajado en dos producciones de cine dirigidas a documentar aspectos diversos de la población penal: Las mujeres de Vega Alta (Dir: Sonia Fritz), en el cual se presenta el estado de salud mental y físico de un grupo de confinadas en Vega Alta, y Aníbal (Dir: Marel Malaret), un corto donde un confinado sentenciado a 52 años de prisión comparte su experiencia en la cárcel desde los 17 años y cómo más de una década después descubre el poder liberador de la escritura a través de un taller de literatura.

Benítez Laborde también ha escrito artículos de temas educativos y legales relacionados como «La buena memoria, contribución al libro Don Jaime Benítez: entre la Universidad y la política» y «Crónica de una muerte inesperada: el caso de Lydia Echevarría en la prensa puertorriqueña», entre otros. Contamos, además, con varios artículos y ensayos sobre su trabajo con la comunidad penal, publicados en los periódicos El Nuevo Día y Primera Hora, a propósito de sus proyectos editoriales recientes, como la antología Desde adentro: entre la universidad y la cárcel publicada por Isla Negra Editores en el 2011, producto de los talleres de literatura y escritura creativa ofrecidos en las cárceles del país. En la actualidad, combina su formación humanística con su conocimiento del derecho para trabajar con lo comunidad penal y sus instituciones.

En los pasados días tuve la oportunidad de entrevistar a la profesora Benítez Laborde y preguntarle sobre su oficio y sus proyectos educativos con los confinados desde esta perspectiva particular muy relevante para los estudiantes de Derecho interesados en estos temas. Para mi sorpresa la profesora Benítez Laborde me contó que su primer encuentro con la comunidad penal fue a través de la Clínica de Asistencia Legal en la que participó durante su experiencia universitaria en la Universidad de Puerto Rico, basada en el derecho de la salud de las mujeres confinadas. Hoy día, señaló, no sabe si existe. A raíz de esa experiencia, tiempo después colaboró con la cineasta Sonia Fritz en la filmación del documental Las mujeres de Vega Alta.

A la pregunta –¿Cuál es el problema principal de las cárceles en Puerto Rico?– la pensadora sostuvo que el problema de la cárcel es la cárcel misma. Aludiendo al historiador puertorriqueño Fernando Picó, cuya filosofía ha inspirado su trayectoria de compromiso social, se reafirmó en la caducidad de la institución carcelaria y advirtió que si hay rehabilitación, cuando hay rehabilitación, muchas veces es a pesar de la cárcel y no gracias a ella. La activista afroamericana Angela Davis lo expresa de manera sencilla pero con gran lucidez. Según lo cuenta la profesora Benítez, Davis sostiene que en realidad la cárcel lo que hace es desaparecer a las personas y no a los problemas que crea la sociedad. Por eso cree, al igual que su mentor, en la abolición de la cárcel.

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¿Cuáles son las posibles soluciones para reformar el sistema carcelario?, se le preguntó. Y la respuesta fue contundente: cambiar el paradigma del sistema punitivo por uno verdaderamente de rehabilitación. «Para lograr esto», explicó, «hay que transformar la institución carcelaria en una educativa, hay que distribuir el presupuesto de manera más efectiva, dándole prioridad a programas diversos que atiendan las necesidades de salud mental, los derechos de los confinados, la educación, actividades de recreación y otros, siempre manteniendo la seguridad en las instituciones».

Sin embargo, señala que es igual de importante el diseño de un plan de seguridad de empleo verdaderamente sostenible, que prepare a los confinados a reintegrarse a la sociedad una vez cumplan sus sentencias.  Defiende un plan de rehabilitación dentro de la cárcel que en realidad les dé las herramientas necesarias a los confinados para restablecerse como personas que se integran nuevamente a la sociedad. «Y aquellos que no van a salir jamás de la cárcel», añade, «merecen tener la oportunidad de rehabilitarse y llevar una vida constructiva que aporte a la sociedad». A modo de ejemplo comparte la historia de Robert Stroud, conocido como «Birdman of Alcatraz», un confinado americano en una institución penal federal que dedicó su vida como preso a estudiar a los pájaros, llegando a escribir libros sobre ellos y sobre la vida en prisión. No sólo escribió dos libros sino que hizo observaciones científicas sobre los canarios (tenía un área en la prisión donde los criaba) que luego ayudaron en investigaciones sobre esa especie de pájaro.

En términos generales, la profesora y licenciada Benítez Laborde cree que con un sistema de cárcel punitivo se promueve un ciclo vicioso de violencia que llega a generaciones nuevas. Las cárceles actuales suelen ser instituciones violentas que muchas veces fallan en su misión rehabilitadora. Incluso cuando los confinados cumplen con sus sentencias, salen a la libre comunidad a un sistema igualmente violento que los castiga con el estigma social que llevan y no los deja reintegrarse en la sociedad porque no pueden encontrar empleo, no tienen dinero y nadie valora la supuesta rehabilitación que hay en estas instituciones.

Para más información en detalle puede leer algunas de sus publicaciones en 80grados o en artículos como «Confinados presentan libro ‘Antologías desde adentro: entre la universidad y la cárcel’» en Primera Hora o «Fuga de Palabras» en El Nuevo Día.

por Héctor Meléndez Franco

Ve el corto Aníbal (2012):

 

Aníbal from Marel M on Vimeo.

 

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