Luego de Hobby Lobby, ¿en qué trabajan los abogados que ganaron el caso?

Gregory Houston Holt quiere dejar crecer su barba media pulgada, pero en el lugar donde habita no se lo permiten. Holt es musulmán y parte de los requisitos de su fe Salafi es el llevar una barba. El problema es que el hombre cumple una sentencia de por vida —por tentativa de asesinato— en una prisión en Arkansas, donde el Departamento de Corrección estatal ha prohibido la utilización de barbas por motivos de seguridad.

Si bien el caso de Holt es muy interesante, este no es el único factor interesante del mismo. Quienes litigarán el caso del hombre, que actualmente se hace llamar Abdul Maalik Muhammad, serán los abogados del Fondo Becket por la Libertad Religiosa.

La fe de Holt en este grupo de abogados está bien fundada, pues el pequeño bufete de interés público sin fines de lucro, cuyo presupuesto anual es de 5 millones de dólares, es una “estrella en ascenso” en Washington DC. Durante los últimos años, los abogados del bufete se han hecho famosos por retar la concepción de que la protección constitucional a la libertad de religión ha quedado solapada a causa de una deferencia del gobierno a otros derechos constitucionales. Ciertamente esa labor no es una fácil, pero el bufete ha demostrado que es de temer, pues siempre ganan.

Durante los pasados 20 años, Becket ha ganado el 85% de los casos que ha asumido. La Asociación Americana de Libertades Civiles (ACLU, por sus siglas en inglés), por su parte, ha ganado el 65% de los casos relacionados con religión que ha asumido desde el año 1920 hasta el 2000. El Tribunal Supremo de los Estados Unidos cita continuamente los “briefs” de Becket, y su primer caso ante el Supremo en el año 2012 tuvo una votación de 9 a 0, determinándose en el mismo que el gobierno no puede intervenir con un grupo religioso sobre a quiénes contratar, aún cuando los empleados alegaran que fueron discriminados por sus discapacidades físicas.

Becket ha establecido un patrón que los litigantes de casos de religión han identificado. Estos presentan argumentos constitucionales fuertes y convincentes además de que reclutan a los mejores abogados independientes. El resultado es un resurgimiento de la libertad religiosa sobre otros derechos.

Cada generación tiene su propia lucha por la libertad religiosa, que es un debate recurrente en la historia de los Estados Unidos desde el día en que los peregrinos desembarcaron del Mayflower. La afluencia de inmigrantes católicos después de la Guerra Civil provocó el surgimiento de las enmiendas Blaine, para detener la financiación pública de la educación religiosa. Otra controversia importante en los Estados Unidos surgió cuando los Testigos de Jehová se negaron a saludar a la bandera, lo que provocó debates nacionales durante la Segunda Guerra Mundial. Otras controversias involucraron orar en las escuelas públicas y el declamar la promesa de lealtad (“Pledge of Allegiance”).

De interés:

En 1994, precisamente en medio de esos debates, Kevin “Seamus” Hasson fundó el Fondo Becket. Hasson, un abogado católico especializado en derecho constitucional —particularmente en casos de libertad religiosa— sintió que la conversación sobre la religión en Estados Unidos se estaba convirtiendo en un gran non sequitur. Mientras que un lado argumentaba que la religión no le hacía bien a la sociedad, el otro insistía en que Estados Unidos era una nación cristiana. Según Hasson, la libertad religiosa no proviene del gobierno ni de la fe misma, sino más bien de la dignidad humana.

“Para lo que necesitamos libertad es para buscar lo verdadero, lo bueno y lo bello, abrazar lo que sea que creamos que hemos encontrado, y expresarlo según la medida completa de la humanidad”, explicó Hasson, quien se retiró en 2011 debido a que padece de la enfermedad de Parkinson.

Aunque la mayoría de sus clientes más recientes han sido cristianos, el Fondo Becket no ha querido identificarse particularmente con intereses cristianos sino que ha tomado casos de clientes musulmanes, judíos y hasta de santeros.

A diferencia de los bufetes comerciales con fines de lucro, Becket se sustenta con donaciones para financiar la representación gratuita de los clientes. Alrededor del 70% de sus donaciones provienen de individuos y por lo general las donaciones fluctúan entre $25,000 y $100,000 dólares.

Los abogados de la empresa son especialistas en el derecho a la libertad de religión que consagra la Primera Enmienda, y entre sus filas hay empleados mormones, católicos, evangélicos, musulmanes y otros.

Becket se insertó en la escena pública nacional gracias al mandato relativo a los anticonceptivos de la Reforma de Salud de los Estados Unidos (“Affordable Care Act“). Su cliente, Wheaton College, una universidad evangélica de artes liberales, así como varias organizaciones, se encuentran entre los 319 demandantes que reclaman que los requerimientos de la ley de que se le provea a las empleadas planes de seguro que incluyan el pago de diversos anticonceptivos, violan la libertad religiosa. Pero Becket también se centra en casos de alto impacto y bajo perfil.

El Fondo defendió a los Amish del estado de Nueva York, quienes alegaban que las regulaciones de construcción en esa ciudad afectaban sus métodos tradicionales de construcción. También representaron a una mujer de la religión Sikh que deseaba poder llevar consigo a su trabajo un kirpan, cuchillo pequeño con simbolismo religioso. Se le había negado que pudiera entrar el mismo a su trabajo en una oficina de gobierno.

Becket también ha demostrado dominar el acercamiento estratégico a los medios de comunicación. Cuando el Tribunal Supremo de los Estados Unidos determinó con Becket que Hobby Lobby debía tener una exención religiosa con respecto al mandato relacionado con anticonceptivos, fueron abogadas mujeres, no los varones, quienes dieron frente a los medios.

En última instancia, la realidad es que el éxito de Becket viene de la apertura de tribunales superiores “a las nuevas interpretaciones de la protección religiosa de la Primera Enmienda”. Durante la última mitad del siglo 20, el Tribunal Supremo de los Estados Unidos leyó e interpretó la prohibición de la modificación en la religión establecida por el Estado y su garantía de ejercicio religioso libre bajo la óptica de proteger incondicionalmente a las minorías, incluyendo pequeñas sectas, las mujeres y otros. Bajo tribunales recientes y más conservadores, Becket ha encontrado simpatía por la idea de que las religiones mayoritarias cristianas reciban esa protección, también, sobre todo cuando se enfrentan contra los gobiernos locales, estatales y federales.

La siguiente pregunta para Becket sería cuán amplio debe ser ese enfoque y cuáles otros derechos protegidos entiende el Tribunal Supremo que tengan un rango inferior a la libertad religiosa. Estados Unidos ha cambiado poco a poco su visión sobre la sexualidad, y la voluntad del gobierno para proteger las relaciones del mismo sexo pronto entrará en conflicto con los grupos que creen que su libertad religiosa incluye el derecho a discriminar por motivos de orientación sexual. El presidente del Fondo Becket, William “Bill” Mumma, sugiere que su bufete se mantendrá en la línea de frente de esa lucha. “Cada vez que el gobierno se mueva firmemente más cerca o más lejos de los grandes temas que la religión ocupa, van a surgir casos de libertad religiosa”, dice. “Creo que aún no hemos concluido esa especie de ‘gran ronda’ de casos de libertad religiosa”.

Por ahora, un pequeño equipo de abogados de Becket ya está trabajando en unos 40 casos. Los líderes del bufete aseguran que no existen planes de ampliar sino que mantendrán su enfoque en la búsqueda y litigio de casos de alto impacto.

“Cuando la música se detiene y nos vamos a la corte, lo que realmente importa es que nuestros abogados hayan escrito un buen resumen, hecho un buen argumento o que sean capaces de presentar un caso que es convincente para los jueces de todos las visiones políticos”, dijo por su parte Mumma.

“Si no podemos lograr eso, no importa la cantidad de atención pública que tengamos”. Hasta el momento, la estrategia está funcionando.

Lea el artículo original en la revista Time.

 

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