[ARCHIVO] Privativas las obras de arte no sujetas a un contrato de explotación económica o que no hayan sido cedidas a la muerte del autor

Descarga el documento: Rosado Muñoz v. Acevedo Marrero

I. Hechos
El maestro Julio Rosado del Valle (en adelante, “el maestro Rosado del Valle”), fue un reconocido artista puertorriqueño, con una importante producción de obras, particularmente pinturas. Éste falleció intestado el 20 de septiembre de 2008 y le sobrevivieron sus hijos, Margarita Rosado Muñoz, Gabriel Rosado Muñoz y David Rosado Núñez. También le sobrevivió la viuda, la Sra. Sonia Acevedo Marrero (en adelante, “la Sra. Acevedo Marrero”) con quien contrajo matrimonio bajo el régimen de gananciales el 9 de marzo de 2001 y a la que el tribunal declaró heredera en la cuota viudal correspondiente.

El 6 de abril de 2009, los descendientes del maestro Rosado del Valle, (“parte peticionaria”) presentaron una demanda para la liquidación de la sociedad legal de gananciales y la partición de la herencia contra la Sra. Acevedo Marrero. En dicha demanda reclamaron toda la obra producida por el maestro Rosado del Valle antes y durante el matrimonio. Por lo tanto, como herederos del maestro Rosado del Valle indicaron que eran los dueños de la obra y que el único derecho que tenía la Sra. Acevedo Marrero sobre la misma era el usufructo viudal.

Por su parte, la Sra. Acevedo Marrero presentó una moción de sentencia sumaria el 2 de julio de 2008 y su contestación a la demanda el 21 de julio del mismo año. La Sra. Marrero Acevedo reclamó bajo distintas teorías derechos sobre ciento noventa y siete (197) de las doscientos setenta y cuatro (274) obras que se encontraban en la residencia conyugal.

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El tribunal denegó la moción mediante resolución de 22 de diciembre de 2009. Mediante sentencia parcial de 27 de septiembre de 2012, el Tribunal de Primera Instancia determinó que le correspondían a la señora Acevedo Marrero: nueve (9) obras que la parte peticionaria reconoció que le fueron regaladas por el maestro Rosado del Valle; otras doce (12) obras que ésta adquirió como regalo antes de contraer matrimonio, y tres (3) obras que le fueron regaladas durante su matrimonio en ocasión de regocijo.

No obstante, el foro primario determinó que las obras restantes correspondían al caudal relicto, así como los derechos de autor, morales y patrimoniales, de todas las obras del maestro Rosado del Valle. Concluyó que las obras creadas vigente el matrimonio y no sujetas a un contrato de explotación, eran privativas por tratarse de un derecho personalísimo y exclusivo de su autor. Inconforme y luego de varios trámites, la Sra. Acevedo Marrero presentó un recurso de apelación ante el Tribunal de Apelaciones el 8 de febrero de 2013. El mismo fue acogido como certiorari el 11 de abril de 2013.

El 16 de septiembre de 2014, el Tribunal de Apelaciones emitió una sentencia en la que, luego de analizar tratadistas y jurisprudencia francesa, concluyó que “además del valor económico de las obras de arte, percibido o no durante la vigencia del matrimonio, procede incluir en la masa ganancial sujeta a liquidación, el soporte donde está plasmada la obra de arte, así como la obra de arte en sí”. Asimismo, reconoció que a la Sra. Acevedo Marrero le pertenecían las restantes catorce (14) obras que ella reclamaba que le fueron regaladas por su esposo antes de contraer matrimonio. La sentencia también concluyó que otras cinco (5) piezas le pertenecían por tratarse de donaciones válidas entre cónyuges. Oportunamente la parte peticionaria presentó una moción de reconsideración que fue denegada el 15 de octubre de 2015. Inconforme, la parte peticionaria presentó ante el Tribunal Supremo un recurso de certiorari.

II. Controversia
La controversia del presente caso es la siguiente: ¿Las obras de arte creadas por un artista durante la vigencia de una sociedad legal de gananciales, y que poseía al momento de su muerte, son de carácter privativo o ganancial?

III. Opinión del Tribunal
La Hon. Mildred G. Pabón Charneco emitió la opinión del Tribunal. En síntesis, expresó que las obras no sujetas a un contrato de explotación económica o que no hayan sido cedidas a la muerte del autor, pertenecen exclusivamente a su autor y por consiguiente al caudal hereditario, mas no así los frutos, rentas o intereses que generaran las obras creadas antes o durante la vigencia del matrimonio, y todo otro derecho que le sea reconocido a la sociedad legal de gananciales por nuestro ordenamiento jurídico. Esto a pesar de que para su creación se hubieren dispuesto fondos del caudal común o bienes obtenidos por la industria, sueldo o trabajo de los cónyuges.

En Puerto Rico los derechos de autor están fundamentalmente protegidos por la Federal Copyright Act, 17 USCA Sec. 101 et seq. y por la Ley de Propiedad Intelectual de 1988 (aplicable al caso de autos y que fuera recientemente sustituida por la Ley de Derechos Morales de Autor de Puerto Rico de 2012. La propiedad intelectual se ha definido como “el conjunto de derechos que la ley reconoce al autor sobre las obras que ha producido con su inteligencia, en especial los que su paternidad le sea reconocida y respectada, así como que se le permita difundir la obra, autorizando o negando, en su caso, la reproducción”.

Los derechos sobre las obras se agrupan en dos (2) categorías o facetas: los derechos pecuniarios o patrimoniales, que consisten en el monopolio de la explotación económica de la obra, y los derechos personales o extrapatrimoniales, que protegen el vínculo personal entre el autor y su obra. Estos últimos dan pie a la doctrina del derecho moral.

Sobre los derechos patrimoniales, argumentó que en Puerto Rico, éstos están principalmente protegidos por la legislación federal que en cuanto a su ámbito de aplicación ocupa el campo. Así, la ley gobierna los derechos exclusivos con relación a obras pictóricas, gráficas y escultóricas, entre otras, que hayan sido fijadas en cualquier medio tangible de expresión.

Por otro lado, manifestó que, los derechos morales están fundamentalmente protegidos por la legislación estatal. Esta reconoce los derechos de los autores como exclusivos de éstos y los protege no sólo en beneficio propio sino también de la sociedad por la contribución social y cultural que históricamente se le ha reconocido a la propiedad intelectual.

Los derechos morales se derivan del nexo existente entre el autor y su creación, independientemente del valor puramente monetario que la obra pueda tener. De esta forma se trata a la obra como una extensión de la personalidad del creador y los derechos sobre ella se consideran exclusivos de su autor. Así, en el derecho civil tradicionalmente se ha clasificado el derecho moral de autor como un derecho personalísimo. De igual forma, el autor mantiene los derechos aun después de la cesión de la obra. No obstante, solamente en caso de muerte o incapacidad del titular, la protección del derecho recaerá en sus derechohabientes.

Por otro lado, la sociedad legal de Gananciales es el régimen económico supletorio que rige durante el matrimonio a falta de capitulaciones matrimoniales válidas. Ésta comienza el día en que se celebra el matrimonio y conlleva que los cónyuges sean codueños y coadministradores de la totalidad del patrimonio matrimonial, es decir, ostentan la titularidad conjunta de éste sin distinción de cuotas. Además, concluye al disolverse, ya sea por muerte, divorcio o nulidad. Es desde ese momento en que ambos hacen suyos por la mitad las ganancias o beneficios obtenidos indistintamente por cualquiera de ellos durante el matrimonio.

El patrimonio matrimonial está compuesto por: (1) los bienes adquiridos a título oneroso a costa del caudal común, (2) por aquellos obtenidos por la industria, sueldo o trabajo de los cónyuges y (3) por los frutos, rentas o intereses percibidos o devengados durante el matrimonio de los bienes comunes o privativos. Durante la vigencia de la sociedad legal de gananciales, existe una presunción rebatible de ganancialidad sobre todos los bienes del matrimonio. Sin embargo, dicho régimen de gananciales reconoce como axioma principal, el patrimonio individual de los cónyuges separado del de la sociedad.

Manifestó que se ha reconocido que hay bienes que por su naturaleza personalísima son exclusivos de su titular, aunque para su consecución se hayan destinado fondos del caudal común o empleado la industria, sueldo o trabajo de uno o ambos cónyuges. Estos están tan inextricablemente atados a las cualidades inmanentes a la persona, que no podrían ser calificados propiamente como “gananciales”. En cuanto a las donaciones, añadió que una vez celebrado el matrimonio, se prohíben expresamente las donaciones entre cónyuges, pues la ley solo permite los regalos módicos que los cónyuges se hagan en ocasiones de regocijo para la familia.

Añadió que no existe controversia ni debate en la doctrina de que el derecho moral de autor es personalísimo y privativo. Este solo puede transferirse por la vía sucesoria, y por tanto, no es susceptible de formar parte de la masa común. Así, el propósito de la Ley de Propiedad Intelectual de 1988, y que no variaría con la promulgación de la Ley de Derechos de Autor de 2012, es proteger la relación personalísima del autor con su obra y facilitar lo que este desee hacer con su creación, que incluye entre otras prerrogativas, las de publicar la obra o retractarse de la misma.

La Hon. Pabón Charneco concluyó que nuestro ordenamiento jurídico distingue los derechos de autor del medio tangible de expresión como sostiene la parte recurrida, asimismo las obras en cuestión fueron creadas por el esfuerzo de su esposo vigente el matrimonio, pero esto no es suficiente para sostener la ganancialidad de una obra original de arte plástico que no ha sido explotada. Por tales fundamentos, estableció que al estar el autor en posesión de las obras y en condiciones de ejercer todos aquellos derechos que tanto la ley federal como estatal le confiere, estas son privativas. De esta forma, a la disolución del matrimonio por razón de muerte del autor, las obras que no han sido vendidas ni cedidas, son parte del caudal hereditario y transmisibles de conformidad con el derecho de sucesión. Sin embargo, tan pronto dicha obra se traduce en beneficios económicos, el cuadro de privatividad antes descrito cede y por lo tanto, la sociedad legal de gananciales tiene derecho a los frutos que esta genere vigente el matrimonio, así como aquellos derechos que le reconoce el ordenamiento jurídico sobre los bienes privativos. Reconoció que la sociedad tiene un crédito por los materiales, bienes o fondos comunes que se utilizaron para la creación de las obras y que fueron pagados por ésta.

IV. Opinión disidente
El Hon. Erick V. Kolthoff Caraballo emitió una opinión disidente. En síntesis, manifestó que no intervendría con las determinaciones del Tribunal de Apelaciones. Sin embargo, expresó que modificaría el dictamen recurrido para disponer lo siguiente: (1) el derecho moral sobre todas las obras de arte del maestro Rosado del Valle pertenecía al pintor y ahora pertenece a sus herederos por virtud de ley; (2) el arte creado por el pintor antes del matrimonio es privativo y pertenece al caudal hereditario, salvo los cuadros que se determinó correctamente que la Sra. Acevedo Marrero probó que le fueron donados válidamente antes del matrimonio; (3) los cuadros (“los medios tangibles”) creados por el maestro Rosado del Valle durante su matrimonio tienen una presunción rebatible de ganancialidad. Tal presunción fue rebatida por la Sra. Acevedo Marrero, en cuanto a las obras que su esposo le regaló durante el matrimonio en ocasión de regocijo familiar; por su parte, los herederos no presentaron prueba que derrotara la presunción de ganancialidad, por tal razón, el resto de las obras creadas durante la vigencia de la sociedad legal de gananciales y que no fueron vendidas son gananciales; (4) la mitad de la participación en los bienes de la sociedad correspondía al pintor, y por razón de su muerte, pasó a sus herederos, y (5) la liquidación de los cuadros debe hacerse sin perjuicio del derecho moral que ahora corresponde a los herederos del pintor.

por Yaritza Echevarría

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