Describen a Trías Monge: desde sus luces hasta sus sombras

Por Daniel Rivera Vargas

Disciplinado. Estratega. Trabajador. Fanático del béisbol. Violinista. Político.

Esas son algunas de las características con las que Carlos Díaz Olivo recuerda a la persona para la que laboró como oficial jurídico —José Trías Monge— el exjuez presidente del Tribunal Supremo de Puerto Rico, cuyo centenario se conmemora este 2020.

“Es una persona importantísima para Puerto Rico. No fue mi maestro en el salón de clases, pero sí en la vida”, sostuvo el tratadista.

Díaz Olivo contó que comenzó como oficial jurídico de Trías Monge tras graduarse en la Escuela de Derecho de la Universidad de Puerto Rico en 1983 de una forma poco común: él no lo solicitó, pero el propio juez presidente lo invitó.

El hoy profesor, analista político y tratadista de derecho corporativo narró que él había sido la mejor nota de su clase ese año y —tradicionalmente— estos estudiantes solicitan y obtienen la oportunidad de ser oficiales jurídicos del Tribunal Supremo de Puerto Rico.

Pero él, el primer abogado en su familia, no sabía de esta práctica y no hizo la solicitud. Sus planes eran irse a estudiar maestría.

“Trías me invita a trabajar con él, yo decía si ‘a mí eso no me gusta’ y me decían ‘pero cómo que tú no quieres ir cuando te invita el juez presidente’. Fui a la reunión, él me dice que le interesa que yo trabaje con él y yo le decía es que ya me han aceptado para estudiar maestría, y él me decía, ‘pues pedimos un diferimiento’”, narró Díaz Olivo.

Allí, como oficial jurídico del Supremo, Díaz Olivo tuvo la oportunidad de conocer a una persona que, independientemente de lo que Trías Monge representó para Puerto Rico, se convirtió para él —en su plano personal— en un ejemplo para su vida.

“Para mí, trabajar con él fue una de las experiencias más formadoras y enriquecedoras”, dijo Díaz Olivo.

“Estaba con una persona que prácticamente escribió la Constitución de Puerto Rico, un estratega del Partido Popular, un hombre de letras, un hombre con su práctica profesional, era la primera vez que estaba con una persona que era exitosa en su vida en varios renglones. Yo me preguntaba cómo una persona podía hacer tantas cosas. Escribía un libro casi todos los años”, indicó.

“Sabía de Derecho, sabía de política porque fue asesor del Partido Popular, pero sabía de todo, de literatura, de música, de deporte (especialmente del béisbol y por ser natural de Puerta de Tierra, era fanático de los extintos senadores de San Juan)”, continuó.

Esa afinidad con el Partido Popular Democrático no le impedía a Trías Monge tender puentes con personas de diferentes ideologías, como el propio Díaz Olivo, quien llegó a ser candidato a alcalde de San Juan por el Partido Nuevo Progresista (PNP).

El profesor explicó a Microjuris.com que el juez lo sabía, por que él era activista a favor de la estadidad desde sus años universitarios, pero aún así recibió la oportunidad de trabajar con el magistrado.

Curiosamente, dijo, Trías Monge no dejó pasar la oportunidad de sacar provecho al pensar de su oficial jurídico porque le asignó trabajar el caso en el que se disputaba la capacidad de la Asamblea Legislativa de investigar acciones del gobierno, la controversia entre los expresidentes del PPD y PNP, Miguel Hernández Agosto y Carlos Romero Barceló, que abrió paso a las vistas senatoriales de los asesinatos del Cerro Maravilla.

Una de las claves detrás de la trascendencia de Trías era su disciplina, contó su exoficial jurídico.

“Y ahí de lo primero que me percaté de él es que tenía una disciplina, una rigurosidad, y yo traté de incorporarlo en mi vida. Tu podrás ser inteligente, ser capacitado, pero era también riguroso, disciplinado y esquemático y a mí por lo menos me influyó y lo hice mío: que tenías que disciplinarte para lograr cosas”.

SU RUTINA

Esta es la rutina Trías Monge: llegaba temprano al tribunal y trabajaba hasta las 12:00 del medio día. Se iba a su casa entre Guaynabo y San Juan para almorzar y tomar una siesta. Regresaba a las 3:00 p.m. y seguía hasta las 6:00 p.m., cuando regresaba a su hogar a cenar, a nadar tres millas en una piscina, a tocar violín y a trabajar en sus libros.

Cumplía con la misma rutina a diario, incluyendo fines de semana.

“Y esto era también sábados y domingos, los siete días. Imagínate el ‘estrés’ que era para uno cuando tu jefe trabaja los siete días. Nos teníamos que turnar”, relató.

Era una persona con gran capacidad para el diálogo.

Aunque era juez presidente y eso le daba grandes facultades administrativas, la realidad es que al momento de votar por una decisión, él era uno de siete y “él podía manejar con las personalidades de sus compañeros jueces, los egos, eso fue otra enseñanza, como tú trabajas a los seres humanos para lograr un objeto en común”, sostuvo.

“Era un hombre con amplio conocimiento del gobierno, de la política, la historia y de lo que debía ser una sociedad. Porque para él eso era importante. En el tribunal tú resuelves un montón de controversias, con implicaciones políticas… Sus decisiones eran tan trabajadas que si había una implicación política, no acababa siendo una visión politiquera como tal porque eran sumamente amplias, pensadas, ancladas en la realidad de Puerto Rico, y para mí me parecía maravilloso”, afirmó.

Asimismo, el profesor puntualizó que Trías Monge era un gran escritor.

El juez presidente era egresado de Harvard, Yale y de la Universidad de Puerto Rico. En una época donde escaseaban las computadoras (fue juez presidente entre 1974 y 1985), escribía sus opiniones a manuscrito casi sin tachones, con gran precisión, sin “palabrería” de más y con observaciones a situaciones que podían referirse a casos futuros, relató Díaz Olivo.

Otra aportación de Trías Monge fue que le dio mayor relevancia a la judicatura en un momento donde era una rama sin poder real ante el Ejecutivo y el Legislativo.

Le inyectó su visión más liberal y activa del rol de tribunal, impactando a la sociedad en temas como familia. Un ejemplo fue Figueroa Ferrer v. ELA, que permitió los divorcios por consentimiento mutuo.

Además, dejó su huella en la judicatura al incorporar estadísticas de desempeño para los magistrados, procurando mejorar las colecciones legales y procurando la celebración de conferencias judiciales.

También, reconoció Días Olivo, Trías Monge usó al Supremo con fines políticos. Era un periodo donde el PPD comenzaba a erosionarse, desde su parecer, tras gobernar por dos décadas seguidas, entre finales de los 40 y finales de los 60. Sufría sus primeras derrotas electorales en 1968 y en 1976.

“Simultáneamente había otro fenómeno, esa primera parte de los setenta era una de mucha efervescencia política, en particular de la juventud. Había un activismo juvenil increíble en Puerto Rico. Parecía que el movimiento independentista estaba cobrando fuerza, el PNP estaba cobrando fuerza, y Trías utilizó el tribunal como un arma de resistencia al movimiento estadista y al movimiento independentista, y ayudó a consolidar al Partido Popular”, comentó.

Así, Trías Monge lograba invalidar la primera ley de las primarias presidenciales, cuando fue gestionado por el PNP. Luego la declaró constitucional en un segundo caso, cuando el PPD estaba interesado en ese proceso, dijo Díaz Olivo.

También a favor del PPD, y eventualmente de los partidos políticos en general, la corte dirigida por Trías resolvió que cuando surgieran vacantes en la legislatura o en los municipios, no era el pueblo el que elegía al sustituto, sino que corresponde a los partidos en los que militaban esos funcionarios decidir cómo debían llenarse esas vacantes, indicó el profesor.

También la corte Trías invalidó otra iniciativa estadista y resolvió a favor de la colegiación compulsoria de los letrados al Colegio de Abogados, aunque décadas después el Tribunal Supremo anuló la obligatoriedad de pertenecer a ese foro.

El profesor comentó que la figura de Trías Monge demuestra que, con todas las luces que acompañan el nombre del hombre que murió en el 2003, la realidad es que era una figura que también tiene sombras.

Trías Monge fue secretario de Justicia de Luis Muñoz Marín en la etapa de la Ley de Mordaza, un estatuto que se usó para perseguir y encarcelar a las personas independentistas.

“El estuvo consciente que eso (la Ley de la Mordaza). Pesaba sobre sus espaldas. Visto desde ahora, es una atrocidad. Creo para tratar de ser balanceado, uno no puede juzgar desde esa perspectiva lo que pasó hace 60 años atrás, como ahora se trata de revisitar la historia con nuestros estándares de hoy a los hombres y mujeres que crecieron en otras circunstancias”, destacó el profesor.

“Era el tiempo del MacCartismo (cuando el senador federal Joseph McCarthy fomentaba perseguir a la izquierda). Estados Unidos comenzaba la guerra fría y había el temor de que los comunistas venían por ahí, así que ese contexto hay que reconocerlo pero en ese sentido, teniendo todo ese enorme talento, no lo combatió en ese momento, como hubo otros puertorriqueños que sí lo combatieron, como Santos P. Amadeo, estadista, hubo independentistas que se pararon de frente… Él fue secretario de Justicia, fue leal a la persona que lo puso en ese puesto… Posteriormente, él se arrepintió, pero con eso tenía que cargar”, sostuvo.

“En conclusión, tenemos la manía de ver a los seres humanos como seres unidimensionales y aquellos que hacen cosas que nos simpatizan, los convertimos en seres casi de perfección, y los que hacen cosas que no nos gustan, los ponemos casi como demonios. Yo creo que hay que verlos en términos de su aportación general”, concluyó Díaz Olivo.

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