¿Cómo llegaron a existir cinco partidos?

Por Daniel Rivera Vargas

Aunque tres partidos llevan más de medio siglo ocupando un espacio dentro de las papeletas, desde hace varias elecciones nuevas colectividades logran inscribirse para aspirar a la gobernación, en parte motivados por la insatisfacción y por una decisión federal.

Para las elecciones de 2020, los nuevos partidos se llaman Movimiento Victoria Ciudadana (MVC) y Proyecto Dignidad (PD), además de la candidatura independiente a la gobernación de Eliezer Molina.

En las elecciones de 2016, se trató de dos candidatos independientes, Alexandra Lúgaro y Manuel Cidre, y el Partido del Pueblo Trabajador (PPT).

Asimismo, en el 2012 aspiraron a la gobernación el PPT, el Partido Puertorriqueños por Puerto Rico (PPR) y el Movimiento Unión Soberanista (MUS). En el 2008, aparecía el PPR por primera vez en la papeleta.

Antes de eso, hubo un espacio de 24 años sin nuevos partidos inscritos. En 1984 el Partido Renovación Puertorriqueña (PRP), una división del Partido Nuevo Progresista encabezada por el exalcalde de San Juan, Hernán Padilla.

Golpe judicial a la ley electoral

Existe un factor clave para que repentinamente hayan dos nuevos partidos y fue una decisión electoral de 2003.

En Pérez Guzmán v, Gracia, el Tribunal de Apelaciones para el Primer Circuito en Boston entendió que era inconstitucional que la entonces ley electoral requiriera que cada uno de los entonces 90,000 endosos para inscribir partidos debían ser endosado por un notario.

“El requisito de notarización de (endosos por) un abogado no se establece estrictamente para promover un interés estatal convincente (y, por lo tanto, no puede resistir el escrutinio de la Primera Enmienda). Somos conscientes de que nuestra conclusión constitucional difiere de la del Tribunal Supremo de Puerto Rico, y no nos separamos a la ligera de un tribunal tan distinguido. Pero es nuestra responsabilidad interpretar y aplicar la Constitución de los Estados Unidos, y sería un abandono de ese deber ceder a las opiniones de cualquier tribunal estatal”, resolvió Boston.

Esto llevo, según conocedores de procesos electorales, a que se facilitara el proceso de inscripción de nuevos partidos.

“Era una imposibilidad radicar. No se podía inscribir partidos. Tenías que ser abogado, haber pasado la reválida, tenías que ser notario. Eso limitaba gravemente el número de personas que podían recoger firmas, en el papel y en la práctica. Los abogados no iban a recoger en aquel momento 90,00 endosos. Es un costo, no lo hacían”, dijo el abogado que llevó el caso, quien en aquel momento militaba en el Partido Acción Civil y hoy es candidato a alcalde de San Juan por el PD, Nelson Rosario.

Ahora, tras la decisión, se mantiene el recogido de endosos, pero sin el aval de un notario público y con esto, según Rosario, “la democracia se abrió”.

“Yo creo que aparte de que se rompió esa obscenidad de prohibición, era una cosa obscena, una falta de respeto a la gente, se logró una transformación cultural en varios aspectos. Primero, la gente se da cuenta de que podrían haber más de tres partidos. Eran tres partidos siempre, con los mismos argumentos, los mismos temas: estatus. Las mismas personas, pero ya hay personas como (las candidatas por acumulación del PD) Lizzy (Burgos) y Joanne (Rodríguez Bebe), que tienen muy buenas posibilidades. Otro aspecto en el cambio de cultura es en los tribunales, cuando yo llegaba el tribunal me veían como cosa rara, ‘mira, aquí viene PAC, esos indios’. Eso cambió”, dijo Rosario.

Mientras, Kenneth McClintock, expresidente del Senado bajo el PNP, dijo que la decisión “hizo más fácil y menos costoso inscribir un partido, porque tú a un notario público puede que tengas que pagarle, si no tienes notarios adeptos a tu partido que lo hagan de gratis” .

El exsenador dijo que se ha fallado en acompañar el resultado de esa decisión con mecanismos que garanticen la pureza del proceso.

“Yo creo que no es una decisión mala, pero la implantación podría ser mejorada. Y efectuar una mayor supervisión para detectar esas posibles irregularidades, como por ejemplo requerirle la petición de endosos que ponga email y teléfono, y entonces llamar a confirmar si firmaste ese documento”, comentó McClintock.

“Se facilita la inscripción de partidos, y eso no es malo para la democracia. Mientras que se mantenga el requisito de que saque un 2% en las elecciones, se corrige el daño que puede causar inscribir partidos que realmente no son partidos, y que solo te duran una elección”, agregó.

El excomisionado electoral popular y exsenador, Eudaldo Báez Galib, entendió que debe continuar la eliminación de restricciones en los procesos electorales, aunque se deben mantener unos mínimos para evitar fraude.

“Mientras más restricciones, más requisitos le añades al registro de un partido, más se afecta la administración de la democracia a través del voto. Siempre se ha creído que las restricciones las proveen los partidos de mayoría para evitar que se inscriban partidos de minoría. Abiertamente en el pasado eso ocurría…. abriendo el campo, a menos requisitos más facilidades, y yo llevaría todos los requisitos al mínimo para no hablar de fraude, aunque evitando que personas malintencionadas se puedan beneficiar del sistema. Si logras ese balance, esa es la medida, la fórmula perfecta”, sostuvo.

Por su parte, el profesor de derecho Carlos Gorrín Peralta, quien como miembro del PIP ha ayudado en algunos procesos en los que ha sido necesario reinscribir el partido, sostuvo que “esa decisión ciertamente facilita que los partidos se inscriban”.

“Creo que es bueno para grupos que verdaderamente puedan aglutinar fuerzas con un verdadero apoyo”, señaló Gorrín Peralta.

El profesor entiende que el problema es que muchos de esos nuevos partidos carecen de verdadera fuerza electoral, por lo que tras un primero o segundo revés, desaparecen o se transforman a estructuras que no aspiran en procesos electivos.

Esto, según Gorrín Peralta, incluso ayuda a los partidos más grandes porque, a más partidos pequeños, se diluyen los votos periferales en esfuerzos partidistas menores y no pueden adquirir suficiente fuerza para retar a uno de los partidos mayores.

Gorrín Peralta dijo que lo ideal sería que se ofrecieran más herramientas a los nuevos grupos, por ejemplo, para —al igual que ocurre en lugares como Europa— establecer alianzas entre ellos, lo que actualmente está prohibido bajo la Ley Electoral.

Descontento que podría verse en las urnas

Para el catedrático de Ciencias Políticas del recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico (UPR), Raúl Cotto, el florecimiento de los nuevos partidos se debe al “descontento con las estructuras tradicionales”, tal y como pasó antes en su historia.

En 1967, un descontento dio paso a que se formara el PNP, como muestra de un electorado estadista tradicionalmente agrupado con el Partido Estadista Republicano, pero que vieron en el PNP, que participó en el primer plebiscito en la Isla, “un mejor representante para la estadidad”.

El profesor argumentó que lo mismo pasó en el PPD en 1968, cuando permitió una división en la que se formó el Partido del Pueblo y le dio el triunfo al recién creado PNP.

Ese periodo, entre 1984 y 2008, sin que se inscribieran nuevos partidos se debe, según el profesor, en que “no había llegado a ser una crisis tal, que la oposición se considerara que no era suficiente, y no había sucedido una sucesión de escándalos tal, que hay miembros de los partidos gobernantes, un segmento de esos partidos, que se sintieran avergonzados de ser parte de esos partidos”.

“Hay una volatilidad en la base política del país”, dijo Cotto.

“Mi parecer es que la marcha (pidiendo la renuncia de Ricardo Rosselló) ha indicado un disgusto, una insatisfacción, y una disposición de actuar sobre esa insatisfacción y que puede tener un efecto electoral”, mencionó.

Mientras, para la profesora Melody Fonseca, también de Ciencias Políticas en la UPR-Río Piedras, explicó que el nacimiento de los nuevos partidos es un fenómeno que se ve no solo en Puerto Rico, sino en otras democracias occidentales, incluso en Estados Unidos, donde se observa en la radicación de grupos en los partidos principales.

“Es una crisis en el sistema de partidos tradicionales”, expuso Fonseca.

Otro aspecto que fomenta la creación de nuevos partidos es la globalización, que ha permitido que nuevos temas, y no solo el debate del estatus que suele dominar en Puerto Rico, forme parte de la discusión pública, llámese cambio climático, luchas feministas, derechos de la comunidad LGBTIQ+.

“Se ha entendido que hacen falta más partidos que representen las diversas opiniones políticas, independientemente del resultado de las elecciones”, sostuvo.

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