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Derecho laboral: una encrucijada, un motivo, una vida

Un discurso en ocasión de los actos de iniciación de la Asociación de Derecho Laboral de la Facultad de Derecho de la Universidad Interamericana.

Por Jaime L. Sanabria Montañez

Los inicios de todo discurso suelen estar condicionados por los agradecimientos. No seré yo quien rompa ese protocolo no escrito y, en consecuencia, me permito exteriorizar mi primera gratitud a la Asociación de Derecho Laboral, Osvaldino Rojas Lugo –cuya denominación rinde homenaje a quien fuera un defensor de los derechos laborales–, como organización promotora de este acto. También agradezco al Colegio de Abogados de Puerto Rico por la cesión de la sala; sin olvidar, por supuesto, a los asistentes, estudiantes de derecho que forman parte de la asociación: sin duda el futuro, un futuro casi inmediato para ir renovando el derecho laboral puertorriqueño y, por ende, la sociedad.

Más tarde profundizaré sobre esto último.

El verbo escoger no siempre viene respaldado por la voluntariedad, aunque nos creamos enteramente libres para decidirnos por una u otra opción. Somos seres deterministas, influenciados por nuestros genes y por nuestro ambiente. Los estudiosos del comportamiento humano no se han puesto de acuerdo en la proporción, pero a la postre, consciente o inconscientemente, acabamos escogiendo. De hecho, nos pasamos la vida escogiendo: amigos, comida, videos de YouTube, series de Netflix, marcas de ropa, de zapatos, celular, pareja, carro y un sinnúmero de cosas que nos hacen ser quienes somos.

Jaime Sanabria, abogado y profesor

Si voy más allá, nos pasamos, incluso, el día escogiendo porque cada acción cotidiana requiere de un proceso de descarte de las múltiples alternativas que se nos ofrecen, aunque buena parte de ellas se resuelven mediante automatismos, de eso que llamamos subconsciente. Escoger como uno de los infinitivos primordiales de nuestra existencia, porque del acierto en su conjugación depende en buena medida nuestro destino.

Discúlpenme tanto preámbulo para confesarles que escogí estudiar derecho quizá porque en ese aludido subconsciente acumulaba películas sobre abogados que mi mamá me alentó a visionar desde mi infancia. ¿Cuánto pues era fruto de mi propia voluntad y cuánto el componente educacional subyacente de la elección? No tengo una respuesta clara.

Sobre la querencia ya desde mis épocas de estudiante hacia la rama laboral del derecho, sí puedo ofrecerles una mayor creencia de que estaba intrínseca en mí esa voluntad por la equiparación de derechos, por mejorar las relaciones obrero-patronales, por contribuir, desde mi temprana pertenencia a asociaciones como esta en mis tiempos estudiantiles ya lejanos, a la mejora de la sociedad, porque siendo el trabajo una parte muy importante de nuestras vidas, mejorar los ecosistemas laborales supone mejorar la sociedad.

En ello seguimos.

Y así me desarrollé. Tras obtener el grado de Juris Doctor en la Escuela de Derecho de la Universidad de Puerto Rico, trabajé en el Tribunal Supremo de Puerto Rico, hice una Maestría en Derecho y, por ahí, dio comienzo un periplo por bufetes de la isla donde aprendí leyes con calle, bregando con la realidad, en tribunales, con la argamasa del respeto a los mejores profesionales del país en derecho laboral, absorbiendo sus habilidades, reflejándome en su capacidad de trabajo, inspirándome en su talento, forjándome mi propia personalidad como abogado y mi pretensión de construir algo distinto, una organización que conciliase la profesionalidad, el talento, la rentabilidad, la vanguardia y la humanidad.

Y fruto de ese crecimiento personal y profesional, tras madurar en todos los órdenes, hace cuatro años, en agosto de 2017, justo un mes antes del huracán María, surgió Écija SBGB, bufete del que soy socio fundador con la participación inicial de tres licenciados de especialidades complementarias para abarcar el amplio espectro del derecho y ofrecer a los potenciales clientes un servicio integral siempre fundamentado en las buenas prácticas internas como estandarte para poder hacer pedagogía de una doctrina biunívoca en las relaciones entre patrono y empleados, donde si las partes ceden y conceden, no solo mejora el clima laboral, sino que la rentabilidad acaba por crecer.

De que algo -no todo, por supuesto- habremos hecho bien a lo largo de este cuatrienio de existencia, da prueba la circunstancia de que este año nuestro bufete ha sido escogido como mejor patrono de Puerto Rico por una firma tan exclusiva como Kincentric, con la singularidad de haber sido el primer bufete de abogados que ha recibido el galardón, no solo en Puerto Rico, sino en el conjunto de los Estados Unidos, área operacional de la consultoría. Y aunque de lo que nos gusta presumir es de la constancia y de nuestro sentido de la equidad, permítanme que manifieste, sin elevar demasiado la voz, mi orgullo más que por el reconocimiento en sí, que también, por todo el dinamismo, el esfuerzo y el proceso de mejora continua que se guarece tras él.

Regreso al derecho, al laboral, al de esta Asociación que organiza el acto, al mío, al suyo, al nuestro. Incluso regreso también a la elección de esta especialidad como eje director de mi evolución profesional. Al margen de mi natural inclinación por las causas sociales, por la aplicación de una perspectiva conciliadora para la resolución de conflictos entre patronos y empleados, entendí en su momento, y lo ratifico ahora, ante ustedes, aunque ya sé que no les descubro nada nuevo, que el derecho laboral es un nudo de disciplinas, una intersección de los caminos del derecho. Así también lo vengo manifestando desde la propia Universidad de Puerto Rico en mi condición de profesor de derecho laboral desde hace ya 16 años.

En el área laboral, se inmiscuye el derecho criminal, puesto que algunas actuaciones requieren de la vía penal como itinerario para subsanar algunos conflictos contenciosos. También se entrecruza el derecho contributivo porque como dijera Benjamin Franklin, solo hay dos cosas seguras en este mundo, la muerte y los impuestos. Igualmente, el área de constitucional y los derechos civiles se entrama por asuntos de discrimen, protección de la intimidad o de la dignidad humana, entre otras situaciones. También el derecho internacional está presente en el laboral porque en ocasiones, máxime en estos tiempos tan globalizados, surgen conflictos personales derivados de la transnacionalidad de la población y que deben resolverse mediante leyes más allá de las locales.

laboral bundle

Todas esas ramas, y alguna que otra innombrada, se entrelazan con el derecho laboral y lo complejizan a la vez que lo enriquecen, circunstancia que lo vuelve apetecible como elección profesional para practicarlo en un Puerto Rico que, además de seguir necesitando transformaciones socio-laborales para construir un país más próspero, requiere de la consolidación de una demografía que está perdiendo base en la pirámide y ganando anchura en sus tramos de mayor edad. Nos estamos quedando demasiado solos.

Necesitamos que el talento que se forja en Puerto Rico permanezca en Puerto Rico, porque sin demografía no hay paraíso. Sin fuerza de choque no hay ejército y admítaseme la continuidad de la metáfora bélica para ejemplificar que los soldados de hoy deben ser los generales de mañana, pero aquí, en nuestra isla, un espacio del planeta Tierra que, estando bendecida por la geología y la botánica por su belleza natural, debe también estar bendecida por los humanos, por los nuestros, por los de aquí. Como decía Gandhi, debemos ser el cambio que queremos ver, porque exportar talento sin pasaje de regreso representa un salvoconducto para depender de ajenos en un futuro a no demasiado largo plazo.

En el acta fundacional de mi bufete, en las consideraciones ideológicas no escritas, tanto mis socios como yo nos propusimos abordar las relaciones entre patronos y empleados huyendo de los antagonismos que desde tiempos históricos parecen haber perseguido a estos dos niveles del mundo del trabajo. Nunca el avance de los derechos laborales de los trabajadores debe constituir una amenaza para los patronos, sino más bien al contrario; y también hay que sacudirse el estigma de que la mayoría de estos son explotadores o abusadores. Retomando a Gandhi, ahora para parafrasearlo, solo la concordia, la conciliación, el consenso, son el camino. Solo la armonía entre derechos y deberes, entre obligaciones y prestaciones, de unos y de otros puede conducir al establecimiento de una atmósfera productiva del trabajo, tanto en los balances como en la salud emocional de los empleados.

Así trata de actuar, en su día a día, este Jaime Sanabria que es un convicto partidario de la negociación, del acercamiento, de derribar unas fronteras a las que en no pocas ocasiones todavía delimitan los estereotipos, o lo heredado, o lo irreflexivo de un inmovilismo que puede beneficiar a alguna de las partes, casi siempre la más fuerte.

Así, predicando con el ejemplo del funcionamiento de nuestra propia organización, opera Ecija SBGB en lo cotidiano; procurando a sus empleados responsabilidades exentas de horarios regulados, beneficios sociales que faciliten la compatibilización de lo personal con lo profesional, proporcionando una flexibilidad evitadora del presencialismo a ultranza, estableciendo objetivos cuando se alcanza la excelencia en el desempeño, dotándonos de herramientas tecnológicas que nos permitan economizar tiempo en la resolución de los problemas derivados de nuestra actividad, tiempo que sumar al propio y no malgastarlo en un exceso de protocolo o de burocracia interna. Hemos ido implementando iniciativas para la obtención de los mayores beneficios posibles para las partes, para el patrono al que hoy represento, y para nuestros trabajadores, pero no considero necesario enumerar otras para no cansarlos, aunque sí me permito hacerles saber que todos quienes formamos parte de Ecija SBGB nos sometemos a un proceso de formación continuada porque el mañana sucede siempre hoy, incluso casi ayer, y quedarse quieto es el primer indicio para comenzar a caminar hacia atrás.

Me complace expresarles que, aunque nos queda trecho por recorrer, aspectos que optimizar, líneas que transgredir –porque como ya he apuntado soy un hooligan de la mejora continua–, hemos alcanzado un grado de madurez funcional como organización basado en la confianza, en la transparencia, en el intercambio comunicativo y en la incentivación por el trabajo bien hecho.

Y permítanme, sin ánimo alguno de arrogancia, trasladarles que conforman nuestra plantilla alrededor de 40 personas – de las cuales la gran mayoría son jóvenes entre los 20 y 30 años de edad – que muestran públicamente su satisfacción de trabajar en nuestra firma. Esta exhibición de plumaje laboral, y me disculpan la expresión, lejos de querer ser percibida como propaganda autocomplaciente, quiere servir como ejemplo de que si se quiere, se puede; de que son posibles esos métodos de conciliación entre patronos y trabajadores, de que armonizar intereses protege de la concepción de castigo divino que a menudo se tiene del trabajo. Y esto, sobre todo, es necesario en una época donde las estructuras laborales están cambiando aceleradamente, están dejando de ser verticales, para convertirse en horizontales; están dejando de ser jerárquicas para ser corresponsables.

Permítanme ahora una digresión literaria, poética más bien. Cultivo la poesía, como lector y también, y me ruborizo, como escritor, y quiero traer a colación, por su idoneidad con el marco de esta alocución un poema muy corto del español José Agustín Goytisolo. Lo recito, es breve, sencillo, gráfico, casi infantil…

Érase una vez
un lobito bueno
al que maltrataban
todos los corderos.

Y había también
un príncipe malo,
una bruja hermosa
y un pirata honrado.

Todas estas cosas
había una vez,
cuando yo soñaba
un mundo al revés.

A la postre, no dejamos de ser seres humanos. Y como tales, estamos repletos de prejuicios, de etiquetas, de roles preestablecidos por leyes, por herencias, por lo consuetudinario. Yo siempre he albergado a un idealista en mí y he soñado con ese mundo al revés que con tanta profundidad desempolva el poeta, con deconstruir esa cuota de determinismo, con sacudirnos esos estigmas que una vez erradicados nos inducen a pensar “Pero cómo hemos podido vivir así, con ellos, durante tanto tiempo”.

Y aunque suene paradójico, he sido un utópico agarrado a la tierra y a mis convicciones y así continúo, combatiendo demasiadas utopías que acabaron no siéndolo, pero que a algunos timoneles de voluntades les convenía (y les sigue conviniendo), hacerlas pasar por tales para que el empuje de quienes las percibimos accesibles desemboque en el igualitarismo de esos seres humanos, que somos, como decía, cada uno de nosotros.

Y ahora aterrizo, aterrizo, que parece que me haya distraído en la búsqueda del algoritmo de las nubes. Aterrizo y me reencuentro con el leitmotiv de esta comparecencia, con esa pasión innata, intrínseca, incondicional y añadan los “in” que se les ocurra, que ha representado y representa el derecho laboral, ese ariete social en el que confluyen un buen número de las áreas del derecho y que, desde una óptica evolucionista, tiene la potencia para transformar sociedades, personas y a Puerto Rico, porque también Puerto Rico es un destino de quienes lo amamos, de quienes lo exhibimos y de quienes lo queremos más próspero, apartado de algunos índices estadísticos que nos debieran avergonzar como nación que somos.

Les aliento a continuar en esa línea del derecho laboral, les aliento a que descubran que, tras él, existe un entramado de interconexiones que lo vuelven excitante, inabarcable, maleable y recurriendo de nuevo a otro poeta español, Gabriel Celaya, que lo decía a propósito de la poesía misma, el derecho, el laboral, es un arma cargada de futuro.

Atiendan esa voz interior que les ha traído hasta aquí y abónenla a diario. Y sepan también que me tienen aquí para lo que necesiten. Nos vemos en ese futuro. Mis afectos.

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