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COLUMNA – La humanización del proceso disciplinario ético

"No creo que haya un abogado o abogada que no considere que el proceso ético disciplinario es uno traumático y estresante", escribe el licenciado Manuel Quilichini.

Por el licenciado Manuel A. Quilichini

En estos momentos hay un grupo de 11 profesionales del derecho que están revisando los anticuados cánones de ética de nuestra profesión, que ya tienen más de 50 años de existencia. El Comité Especial para la Revisión del Proyecto de Reglas de Conducta Profesional de Puerto Rico, designado por el Tribunal Supremo de Puerto Rico (TSPR), busca atemperar nuestro ordenamiento ético a las realidades de la práctica del derecho en el Siglo XXI. Sin duda alguna este Comité Especial someterá un cuerpo de reglas que liberarán al abogado y abogada de restricciones irrazonables producto de normas inaplicables. Sin embargo, por el momento no se modificará el proceso disciplinario regulado por la Regla 14 del Reglamento del TSPR (4A L.P.R.A. Ap. XXI-B, Regla 14), y he ahí la raíz del problema.

No creo que haya un abogado o abogada que no considere que el proceso ético disciplinario es uno traumático y estresante. Algunas quejas carecen de méritos, otras son producto de un malentendido o diferencia de criterios entre el cliente y el abogado. Aunque sea una reclamación que yo llamo menor, el remedio único que conozco es el mismo: una queja ética.

Una vez se inicia el proceso de queja ética, se establece una relación contenciosa entre el cliente y el abogado o abogada y todo viso de confianza entre las partes desaparece. Es natural que en ocasiones el abogado o abogada se indigne ante la queja del cliente y no lo quiere atender más, lo que complica más la situación. Las hostilidades de un proceso contencioso en nada abonan ni a la solución rápida y justa de la controversia ni a preservar la relación cliente-abogado. ¿Hay una mejor alternativa? Como decía un famoso locutor radial: “Claro que la hay”: la mediación de conflictos.

El TSPR adoptó hace un tiempo como política pública el fomentar mecanismos alternos a los sistemas de adjudicación tradicional, con la meta de impartir justicia más eficiente, rápida y económica. Y, sin embargo, ¿por qué no se ha adoptado un modelo similar para las quejas éticas? Este es el momento de promover la adopción de métodos alternos para el manejo de quejas éticas.

Las ventajas de la mediación sobre el proceso adversativo son evidentes y considerables. Para el Tribunal Supremo, el proceso de mediación puede ser tan efectivo, menos costoso y más eficiente que el proceso adversativo. Para las partes (incluyendo el quejoso lego) es un proceso rápido y libre de reglas complejas, participativo por ser más una conversación que un proceso judicial, menos traumático para el abogado y para el quejoso, y más efectivo que el método adversativo por poder concederse los remedios que desee el quejoso libre de reglas y procesos engorrosos. En ocasiones hasta se puede salvar la relación cliente-abogado.

Puedo visualizar un proceso donde el quejoso radica una queja, y se le orienta sobre el proceso alterno de mediación y conciliación. Al ambas partes prestar su anuencia a este método alterno, comenzará un proceso ágil de mediación que pudiese dar por terminado la potencial disputa en cuestión de días con un remedio efectivo. El quejoso o quejosa podrá dar su versión de los hechos, escuchar directamente a su abogado y con la ayuda del mediador, tendrán una conversación productiva dirigida a dirimir cualquier controversia. Es altamente probable que las partes queden más satisfechas con este proceso alterno que con un proceso lento, riguroso, y desconocido para el cliente lego, dentro de un marco de un proceso digno, humano y menos traumático para las partes.

En las postrimerías de la adopción de normas éticas modernas y ajustadas al Siglo XXI, exhortamos al TSPR a que modifique el proceso adoptando nuestras recomendaciones, colocando nuestra jurisdicción como una de avanzada, dirigida a resolver problemas con una mirada colaborativa y efectiva.

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