De desperdicio a energía

por Jesús G. Alvelo-Maurosa*

Incineradora en Brescia, Italia

Incineradora en Brescia, Italia

Puerto Rico recicla entre un 10-12% de la basura a nivel nacional, muy por debajo del 35% mínimo establecido por la Ley para la Reducción y el Reciclaje de los Desperdicios Sólidos (Ley 70) hace más de 20 años. La isla dispone de 32 vertederos, donde solamente cinco cumplen con las regulaciones de la EPA y agencias locales, y solamente 11 van a estar operando para el 2020. Ya se vislumbra un panorama complicado para el manejo y control de desperdicios sólidos, además de implicaciones salubristas y ecológicas dentro los próximos 5 años.

Según datos del Instituto de Estadísticas de Puerto Rico para el 2007 se generaron 3.1 millones de toneladas de basura con un 10.4% reciclado y 2.7 millones de toneladas de basura destinada a los vertederos. Se estima que 40% del desperdicio sólido que va a los vertederos es material reciclable que, por falta de implementación de política pública, se pierde y contribuye a ingresos no adquiridos para nuestra economía. Enviar basura a los vertederos también contribuye a la producción de gases invernaderos, como el bióxido de carbono y metano, que ayudan a aumentar el calentamiento global.

Generar energía eléctrica utilizando basura en un sistema termal controlado avanzado debe considerarse como parte de un plan nacional de reciclaje. A nivel nacional producimos 8,500 toneladas de basura diarias y asumiendo que se logre reciclar un 50%, todavía quedan 4,250 toneladas de basura por reciclar. El controversial sistema de incineración de basura propuesto por Energy Answers indica que van a procesar 2,100 toneladas de basura por día: removiendo metales, vidrios, material orgánico a un lado y el resto incinerado. Con esta propuesta, nos quedarían 2,150 toneladas de basura que todavía irían a un vertedero.

Varios países de la Unión Europea han logrado grandes éxitos utilizando esta técnica que con junto otros sistemas de reciclaje, lograron aumentar de un 23% a un 35% su reciclaje en un periodo de 9 años y reducir la cantidad de vertederos. La Unión Europea y sus integrantes mantienen un sistema de monitoreo de la calidad de aire y cenizas producido por las plantas incineradoras. Países como Alemania, Bélgica, Dinamarca e Inglaterra venden las cenizas producidas por el sistema de incineración (que mantienen unos niveles de seguridad alto) a compañías de construcción de carreteras, hormigón, bloques, material de aislamiento de sonido, entre otros. El sobrante de las cenizas que son o no son tóxicas son enviadas a un vertedero especializado y aislado.

En Benzo, Italia científicos e ingenieros midieron los niveles de dioxinas y nanopartículas producidas por plantas incineradoras de basura por un periodo de 10 años donde encontraron que la producción de estos tóxicos fue significativamente mínima. En Tarragona, España científicos midieron los efectos de dioxina en la salud de las personas por un periodo de 15 años donde reportaron que los niveles de dioxinas producidos por la planta incineradora de Tarragona no producen riesgos a la salud.

El 99.9% de los gases generados en plantas de incineración en Suecia contienen solamente bióxido de carbono y vapor de agua. El restante 0.1% son gases tóxicos producidos con un 50% menos toxicidad debajo del mínimo establecido por ley. Su sistema de reciclaje es tan eficiente que menos de 1% de su basura (incluyendo las cenizas) va a los vertederos, no les queda suficiente para incinerar y tienen que importar 800,000 toneladas basura al año de países vecinos. Los suecos también reconocen que su sistema de incineración es una operación de corto plazo y van a tener que recluir a otros métodos para generar energía y calefacción.

Si Puerto Rico verdaderamente quiere estar a la vanguardia en el reciclaje se tiene que poner en práctica un plan nacional de reciclaje que incluya una reducción de consumo en nuestra sociedad, generación de biogás utilizando biomasa de desperdicios orgánicos, producción de composta para agricultura y reciclaje de material electrónico y otros. Por más eficiente que sea cualquier técnica de reciclaje, si no existe un sistema integrado de múltiples técnicas, el sistema de reciclaje seguirá estancado y seguiremos poniendo en riesgo a nuestra sociedad.

* El autor es candidato doctoral del Departamento de Microbiología, de la Universidad de Massachusetts en Amherst. Es miembro del Northeast Alliance for Graduate Education and the Professoriate (NEAGEP), Initiative for Maximizing Student Development (IMSD) y miembro del Integrative Graduate Education and Research Traineeship (IGERT) del Institute of Cellular Engineering (ICE) del programa interdisciplinario principal de la Fundación Nacional de Ciencias para la educación de los científicos e ingenieros de doctorado en EE.UU. Igualmente, pertenece al Dr. Susan B. Leschine Research Group: Laboratorio especializado en producción de biocombustibles utilizando biomasa y microorganismos.

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