Estudiar en medio del COVID-19: retos y propuestas

Por Nathalie Román Quintana, embajadora de Microjuris.com en la Facultad de Derecho de la Universidad Interamericana

Día a día nos enfrentamos a los grandes retos y consecuencias en todos los ámbitos de la vida que ha generado la crisis global del COVID-19, especialmente en el proceso educativo.

La educación se define como una formación destinada a desarrollar la capacidad intelectual, moral y efectiva de las personas de acuerdo con la cultura y las normas de convivencia de la sociedad a la que pertenecen.

A través de los meses hemos experimentado cómo se ha perjudicado la educación del país y la salud emocional de los estudiantes, profesores y personal administrativo.

A raíz de la pandemia, hemos tenido que adoptar de manera apresurada una modalidad de enseñanza remota. A causa de esto, se ha complicado la educación en todos los niveles.

En el caso particular de los estudios graduados como lo es la psicología, medicina, ciencias naturales, derecho, entre otros, es aún más complejo.

¿La razón?

Son programas que no están diseñados para estudiarse en línea y requieren de otras tareas prácticas para su realización efectiva. Por consiguiente, resulta complicado tanto para el profesorado, como para las y los estudiantes.

En este proceso de cambio de aprendizaje, han ocurrido múltiples confusiones e improvisaciones entre los estudiantes, quienes intentan mantenerse resilientes en búsqueda de una formación eficaz. Pero resulta irrealizable debido a los factores externos y desventajas que afectan a la persona en el camino.

Una de las grandes desventajas en este proceso es la carencia de la equidad educativa, donde se plasma la falta de accesibilidad a la tecnología de las personas que no cuentan con los recursos y los medios necesarios. Otra problemática es la falta de oportunidades para realizar actividades extracurriculares.

Este es el caso particular de nosotros los estudiantes de derecho, quienes requerimos de prácticas o clínicas para fortalecer los conocimientos aprendidos en los cursos. En adición, resulta ser un problema el entorno en donde estudiamos.

Son muchos los estudiantes que viven con su familia y esto resulta ser un impedimento para lograr la concentración.

Ante estos y otros problemas, se generan sentimientos de frustración, tristeza, depresión o hasta enfado.

Estas emociones se van intensificando y crean incertidumbre sobre cuándo todo terminará.

Lo que solía ser el espacio de tranquilidad llamado hogar, se convirtió en un lugar inestable y colmado de preocupaciones.

Sin lugar a duda, considero que la educación virtual es insuficiente y se necesitan cambios en los paradigmas educativos.

Me parece que los procesos académicos han sido totalmente alterados y su efectividad en ellos ha sido trastocada, reflejándose en el desempeño de los estudiantes. Es importante señalar que esta situación es una sin precedente, lo cual dificulta los planes de contingencia o acción que deben seguir las instituciones educativas.

Como estudiante de Derecho, considero que se debería realizar un análisis profundo de los currículos, métodos de enseñanza, ajustes de evaluación, preparación del personal docente en casos de alguna emergencia de salud pública, evento imprevisto o desastre natural.

Los sectores estudiantiles, administrativos y facultativos debemos sentarnos en la mesa para repensar la enseñanza.

Recordemos siempre que el propósito principal no es solo alcanzar un grado académico, si no preparar a las abogadas y los abogados del futuro.

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