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«All rise»: una serie para repensar por qué estudiamos derecho

El paso del huracán Fiona nos ha hecho repensar muchas cosas.

Por Perla del Mar Rodríguez Fernández

Nota: Si estás buscando una serie para ver este fin de semana —luego de colaborar con los grupos de recuperación— la serie «All Rise» puede ser una gran alternativa. Como siempre, no podemos comenzar una reseña de cine jurídico sin advertir que seguramente entraremos en spoilers o adelantos sobre la serie.

El huracán Fiona por Puerto Rico ha vuelto a tambalear muchos supuestos, como —por ejemplo— cuál es el rol de quienes estudian o ejercen el derecho y cómo las herramientas que ofrece la profesión sirven para ambicionar una comunidad mejor. Podríamos decir que esa fue la misma reflexión que tuvo la honorable Lola Carmichael durante su primer día como jueza en Los Angeles County.

Antes de terminar de sacar sus cosas del auto para comenzar su primer día en el tribunal, un niño le roba su computadora y su mejor amigo y fiscal, Mark Callan, chocó levemente al joven para paralizarlo. Como «recompensa», Mark le pide a Lola por uno de sus dos cafés, pero la nueva jueza le responde que necesita ambos cafés para combatir el crimen… Dijo «combatir el crimen», no a las personas que cometen actos antijurídicos. Que conste. Pero antes de que siga hablando, su amigo Mark le recuerda que ella odia a los jueces y a las juezas «porque no están en contacto con el mundo real«. Pero Lola le responde que quien odia a las juezas y jueces es él.

Ahora aparece en escena la court room reporter, Sara Castillo, para hacer un trueque con Mark. Esta figura no es común en el cine jurídico, pero es fascinante ver a todas las profesiones que intervienen en la búsqueda de la justicia en los tribunales. No todo son paralegales y litigantes.

En medio de tanta cotidianidad, Lola entra a la sala equivocada y se da cuenta que los oficiales han arrastrado a una mujer sin pantalones a la sala. Lo peor de todo es que la defensora pública está tan ajetreada que ni siquiera ha tenido tiempo de verla a los ojos y percatarse que está semidesnuda. Inmediatamente, Lola pide permiso para aproximarse al estrado (como se supone) para exponer la situación al juez. El caso es que Lola no tiene nada que hacer en esa sala. La joven Daphne Rivas le explica a Lola que fue arrestada de esa forma y que continuamente solicitó que le trajeran unos pantalones, pero los policías nunca se los dieron. La defensora pública responde que ella no sabía de la situación. Lola, inconforme, le contesta que es terrible que mientras su cliente no tiene pantalones, ella intenta cubrirse la espalda. Parece que Daphne necesita una nueva representación legal. Por supuesto, alguien sacó inmediatamente un teléfono para grabar la discusión. La nueva jueza todavía no ha llegado a su sala y ya hay problemas. Lola le hace señas al juez sobre la cámara y el juez manda al alguacil a confiscar los teléfonos. Pero ahora tenemos a Lola reclamándole al policía por qué trajo a Daphne semidesnuda a la corte. El policía le responde que la joven salió de la «caja» de esa forma. Lola le pregunta qué pensaría si ella fuera su hija y el oficial le responde: «¿Sabes qué? Vete al infierno». Y sacó la pistola. Aquí se formó. Solo van cinco minutos de serie.

«¿Qué tal si todos nos marchamos y dejamos que todas estas personas lowlife tomen la ciudad?», grita el policía en medio de la sala y con el arma en alto. El juez pide gritando que saquen a ese hombre de la corte y el oficial le dispara. El alguacil, el gran Luke Walkins, lo inmoviliza. Necesitan asistencia inmediata en la sala 802.

Luke tiene su particularidad. Estudia derecho en las noches. Qué refrescante fue escuchar esto. Esto es representación. Se habla muy poco de las personas que hacen su grado en las noches y de la mirada que desarrollan porque mientras estudian, traen las enseñanzas del derecho a su trabajo del día a día. Su historia la empezamos a conocer cuando se encuentra con otra de las defensoras públicas, Emily López. La abogada le preguntó cuánto tiempo llevaba como alguacil. Entonces es que Luke le cuenta que han sido cuatro años y que está por terminar porque está a punto de terminar su escuela.

«Estoy por terminar con el uniforme, pero mi sueño es trabajar acá», cuenta Luke. Emily le pregunta si quiere ser abogado en la corte. Luke le responde que ese es el sueño. Pero no nos emocionemos tanto con Emily. Pronto la veremos representando en otro caso a la joven Daphne, que tiene cinco meses de embarazo. Sin embargo, parece estar tan ajetreada que ha olvidado preguntarle a su cliente si verdaderamente cometió el delito que se le imputaba. Por supuesto, la gran Lola Carmichael no va a permitir que Daphne se declare culpable por algo que no hizo. Iremos a juicio.

Esta situación traerá lodo sobre la detective Jackie Leyland por manipular prueba en contra de Daphne para no manchar una carrera impecable y cerrar un caso. Parece que hay muchos casos de alto perfil bajo la supervisión de Leyland y la jueza administradora, Lisa Brenner, tiene que intervenir. La reputación de la detective no se puede ir a pique por Daphne.

La pregunta es: ¿cuál debe ser la función judicial aquí?

Ahora vayamos más allá: ¿Para qué estudiamos derecho?